Los autónomos sí que somos superhéroes

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El tiempo pasa y todavía no me creo que hace ya casi dos años que sea profesional autónomo. En marzo de 2015 decidí que era el momento de hacerme autónomo y, como comenté hace ya unos meses, vender mi libro Diario de un futuro traductor y empezar a colaborar con colegas y regularizar mi situación laboral con otros clientes con los que quería empezar a trabajar.

Supongo que en ese 2015 tomé muchas decisiones que estaban enfocadas a emprender una aventura laboral que me apetecía y que era necesaria por muchas razones. No solo las laborales que acabo de mencionar, sino también muchas otras de carácter personal. Por ese entonces estaba trabajando detrás de una barra (donde la verdad es que aprendí muchísimo y, de hecho, volvería después de ver que los comienzos no son fáciles para nadie) y no me sentía cómodo haciendo algo que no me gustaba.

Así fue cuando, después de darle muchísimas vueltas, decidí empezar a intentar ganarme la vida con lo que había estudiado. Y fue entonces cuando me di cuenta de que las cosas que se decían sobre los autónomos eran verdad: son (somos, de hecho) unos auténticos superhéroes.

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El día que dije no a los realities

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Que cada vez hay más programas de telerrealidad o reality shows es algo innegable: desde grabar a personas anónimas (y no tan anónimas) encerradas en una casa donde tienen que convivir para ganar un premio, como la marca Big Brother/Gran Hermano, hasta programas en los que graban la vida de celebridades de diferente tipo, como Keeping Up with The Kardashians, sin olvidar los programas más curiosos, en los que había que construir una casa, con un título tan poco original como La casa de tu vida.

Llevando este tema a nuestro terreno, puedo decir que traducir realities no es nada sencillo, por todos los personajes que actúan e interactúan dentro del programa, así como la gran cantidad de carga cultural que existe dentro de las conversaciones del día a día, además de una relación con otras temporadas del programa u otros elementos internos o externos relacionados con él. Cuando se traduce un programa de estas características se quiere hacer una relación, precisamente, con el nombre de este tipo de programas, telerrealidad, y mostrar un lenguaje lo más real posible. Y es parte de ese lenguaje, además de otros elementos visuales, lo que nos hace sentir que el reality es parte de la realidad, hace que lo vivamos y que nos metamos dentro. Pero ¿habéis pensado alguna vez en las implicaciones que tiene el meteros, literalmente, en un reality show?

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Elegir alemán como lengua de trabajo y otros desastres

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Cuando pregunto a los traductores de mi entorno cuál es el factor que consideran más importante para trabajar en este campo, hay varias respuestas que se repiten: lengua meta (en nuestro caso, el español), conocimientos técnicos sobre el tema que tenemos que traducir, una buena labor de documentación, las lenguas origen… Yo soy de los primeros, de los que piensa que los conocimientos de la lengua meta superan con creces al resto de factores, que, aun así, siguen siendo importantes.

Sin embargo, también pienso que las lenguas origen juegan un papel clave en la traducción: hay que entender a la perfección lo que quiere decir el texto para transmitir el mismo contenido a la lengua meta. Hay que conocer bien las estructuras, el sentido que quiere evocar las lenguas de origen para hacer lo mismo con las lenguas de destino y que los lectores tengan la misma actitud hacia el texto.

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Reflexiones sobre la traducción

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Después de celebrar año y medio como trabajador autónomo, después de celebrar mi sexto año el día de San Jerónimo, patrón de los traductores, y después de celebrar casi dos años desde que me graduara, me he puesto a reflexionar sobre la traducción, sobre qué es lo que está pasando desde el punto de vista de un traductor todavía novato que espera celebrar muchísimo más en el futuro relacionado con esta disciplina.

La traducción ahora es mi modo de vida. Considero que la traducción es mi trabajo a tiempo completo, aunque hace unos años ni siquiera pensaba que esto fuera a ocurrir. Yo empecé a estudiar Traducción e Interpretación porque quería ser profesor de inglés y porque pensé que era una carrera que recogía varias cosas que me gustaban: idiomas, pues siempre me ha gustado aprender lenguas (¡y enseñarlas!); una aplicación práctica de los conocimientos aprendidos, ya que durante la carrera no se enseñan idiomas, sino que se aplican a un fin, como es la traducción y la interpretación, en este caso; y, por último, la subjetividad, pues no es una ciencia exacta y cada traducción depende de muchos factores.

Y aunque ahora considere, como acabo de decir, que la traducción es mi trabajo, también pude usarla como prisma dentro de mi carrera universitaria como aprendizaje y como base para mi futura carrera profesional. Ahora que soy traductor, también tengo bastante claro que quiero que sea mi futuro. Y supongo que, ya que estamos aquí, debería explicar por qué estoy reflexionando acerca de todo esto. Y las razones son varias.

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La experiencia de la enseñanza en línea

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Desde hace tiempo digo que soy traductor por profesión, profesor por vocación y comunicador por afición. Es verdad que me dedico a la traducción, y también es verdad que es algo que me encanta. Aunque digo que la comunicación es mi afición, también me dedico a ella profesionalmente y también es una parte de mi trabajo que desempeño con gusto. Pero podríamos decir que mi objetivo final es ser docente.

Hace tiempo que llevo pensando en poder trabajar de profesor universitario. Aún no tengo claro si como doctor o como profesor asociado. Sea como fuere, podría decirse que ya estoy cumpliendo la mitad del sueño al trabajar como profesor de inglés. No es algo nuevo: llevo dando clases de inglés desde que soy pequeño, ayudando a mis vecinos y a otros compañeros de clase a hacer los deberes o a estudiar para sus recuperaciones.

También podría decirse que mi faceta como profesor tiene tres facetas bien diferenciadas: cuando trabajaba para particulares, cuando trabajaba para academias in situ y, ahora mismo, que trabajo dando clases en línea. Hoy os voy a contar mi experiencia con esta última etapa, que es la que estoy desarrollando ahora.

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Surrealismo para traductores

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Cuando empecé a trabajar como traductor autónomo —es decir, a trabajar solo ante el peligro, de alguna forma—, tuve que empezar a acostumbrarme a mantener algunas rutinas dentro del entorno laboral para poder crecer como «empresario». Está claro que, cuando llevas tu propio negocio, como es el caso de los autónomos, tenemos que tener claro hacia dónde queremos ir para que nuestros esfuerzos nos lleven a buen puerto.

Durante este año y medio que llevo como autónomo, las rutinas que he ido siguiendo, aunque en diferentes intervalos han sido contactar con empresas entre las que mis servicios son necesarios, como el de traducción, el de redacción o el de formación; consultar ofertas de trabajo en páginas para traductores y para otros profesionales autónomos, ya que suelen haber ofertas interesantes para trabajadores «multifunción» como solemos ser los traductores; y cuidar más mis perfiles en las redes sociales, para que sean atractivos al posible cliente potencial.

En el peor de los casos, el cliente no acepta el presupuesto o cree que mi perfil no se adecua a lo que él necesita. En el mejor, sin embargo, estas rutinas (una hora al día, al menos) dan como resultado un vaivén de correos en los que se acepta el presupuesto, me entregan una prueba para poder formar parte de su base de datos o, ¡el mejor de todos!, en el que envío la factura para poder cobrar mi trabajo.

Entre tantos correos, llegan ofertas un poco especiales. Y cuando digo «especial», no digo que sean proyectos con plazos en condiciones, ni con unas tarifas excelentes, ni siquiera en un formato que nos rente hacerlo. Me refiero a ofertas surrealistas que he recibido en los últimos meses y que me han dejado con la boca abierta.
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Hacia donde me lleve la brújula

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El viaje continúa, y Coordenadas sigue su camino. O, mejor dicho, yo emprendo de nuevo la marcha y decido compartir mis viajes en este pequeño diario de a bordo. Tras unos meses de pausa, en los que no he cogido el lápiz ni el papel para apuntar ninguna coordenada interesante, vuelvo a ponerme al timón de este barco y a contaros qué es lo que nos espera. Aunque, sinceramente, solo podría hacer un boceto muy vago de lo que viene por delante.

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Una parada técnica

27PNUR3Z83.jpgTodas las historias tienen un comienzo, un desarrollo y un final. Pero todas las historias que se escriben en episodios, en capítulos o en artículos, como Coordenadas, necesitan un momento de descanso para tratar de reposar las ideas.

Cuando terminé mi proyecto Diario de un futuro traductor (cuatro años de blog más casi otros doce meses de edición del libro), tenía claro que quería estar alejado de la blogosfera. Era un trabajo a tiempo completo que había coordinado junto a estudiar una carrera tan exigente como Traducción e Interpretación, además de colaborar con empresas a través de prácticas en los últimos dos años de la carrera.

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Un traductor en el #TATGranada16

ismaelpardo.com %2F Un traductor en el #TATGranada16¿Qué pinta un traductor en un evento como el #TATGranada16? Si nos ponemos a pensar, muchísimo. En un mundo como el actual, en el que todo movimiento se registra mediante las redes sociales, un traductor con proyectos como llevar su propia microempresa, promocionar sus servicios y sus artículos pinta muchísimo en un evento como el Talking about Twitter que se celebró en Granada durante los días 6 y 7 de junio de 2016.

Antes de hablar del evento más importante sobre la red social del pájaro azul y de las ideas generales con las que me quedé para entablar en un futuro como profesional autónomo (que hay muchas), hay que dejar claras algunas cosas, como que Twitter tiene mucho más potencial del que creemos, por ejemplo. Las posibilidades que nos puede ofrecer esta red social son casi infinitas si usamos las herramientas adecuadas.

Muchos se unen a Twitter con un propósito fijo, pero hay algunos que caen en las redes (nunca mejor dicho) por simple moda. En mi caso, era una mezcla de los dos: corría el año 2009 y muchas personas de mi entorno estaban dejando otras redes sociales, como Tuenti o Fotolog, y se estaban mudando a otras que estaban calando entre los usuarios. Una de ellas era Twitter. Y allá que me uní.

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Guía lingüística para bautizar a un transformista

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Ponerle el nombre a una marca es de las cosas más complicadas a las que los creativos se tienen que enfrentar: tiene que tener gancho, retratar al producto en cuestión y, en ciertos casos, hasta ser válido en ciertos idiomas. Cuando esa marca está asociada a una persona en cuestión, es más complicado aún. Si esa persona es un transformista, nos encontramos con un conjunto de factores lingüísticos que hay que tener en cuenta que puede llamarnos la atención como profesionales de la lengua.

Para quien viva debajo de una piedra y no sepa qué es un transformista se trata de una persona que se viste del sexo opuesto (si es un hombre, de mujer; si es una mujer, de hombre) con el fin de entretener a otros, frecuentemente con un espectáculo que incluye canciones o monólogos. Este artista se «transforma» en otra persona (de ahí el nombre) y el nuevo personaje puede estar basado en otro artista, como en una cantante, o puede ser un personaje de invención propia.

Como tuve contacto con este tipo de artistas durante mi época como camarero y como seguidor de todo lo que se sale de lo establecido, he decidido recopilar los nombres que he considerado más graciosos, interesantes y con más historia detrás, después de repasar la historia de las denominaciones artísticas en general.

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