La maravilla de ser (traductor) autónomo

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Lo digo y no me lo creo: hoy, precisamente hoy, cumplo dos años como autónomo. Hace un año tampoco me creía lo rápido que pasa el tiempo, pero es verdad que, cuando estás haciendo lo que te gusta (en mi caso, traducir, enseñar, comunicar y orientar a estudiantes), el tiempo se pasa volando.

En cuestión de un año, me he dado cuenta de que había algunas claves que había que tener en cuenta, pero también muchísimo más por aprender y, sobre todo, por experimentar. Siendo autónomo tienes que sacar adelante, casi por obligación, un montón de cosas que puede que no se aprendan en otros trabajos: fiscalidad, facturación, actitudes empresariales y muchísimo más para que tu negocio siga a flote.

Son muchas horas invertidas en trabajo, a veces no productivo, pero, como decía, en mi caso, han sido dos años fantásticos, con sus idas y sus venidas, en los que he tratado de luchar por lo que quiero: una independencia laboral en la que hay que estar preparado para todo, incluso para ser un superhéroe, si la situación lo requiere. Pero ¿qué es lo que me gusta tantísimo de ser autónomo?

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La gamificación: de los (video)juegos a las aulas

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Muchos ya lo saben, pero además de ser traductor de inglés y de ofrecer otros servicios lingüísticos, paso una gran parte de mi tiempo como profesional autónomo ejerciendo de profesor con diferentes clientes y en diferentes modalidades. Actualmente, invierto mi tiempo como docente en tres partes (aunque no iguales): con una academia en línea, con una academia presencial y con algún que otro particular.

En las tres intento utilizar el mismo método, en el que me siento más cómodo, y es el de aplicar una teoría que ya hemos aprendido a una práctica con situaciones reales, del día a día y aplicados al objetivo del alumno (si está estudiando para un examen, si está estudiando para mejorar en su trabajo, etc.).

Sin embargo, en un cara a cara, como las clases particulares, y con un método como el online, en el que hay poco margen de maniobra más allá de ceñirnos a un manual y a un estilo de cómo hacer las clases, no hay tanta flexibilidad como sí podemos tener más «libertad» en unas clases en la que tenemos que cubrir contenido pero no cumplir unas reglas estrictas de seguimiento de las clases. Sea como fuere, en este artículo vengo a explicaros cómo implementé la gamificación casi sin querer en mis clases y, además, qué tiene de malo y de bueno.

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Medios sociales y orientación profesional

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Durante los días 19 y 20 de diciembre se celebró el Congreso Internacional Phonitec en la Universidad de Sevilla, en el que se reunieron académicos y profesionales relacionados con los idiomas, la traducción, la fonética y las nuevas tecnologías a exponer diferentes ponencias sobre diversos temas.

Entre ellos, estaba la orientación profesional, con una mesa redonda titulada «La implementación de las nuevas tecnologías con una orientación profesional», en la que tuve el placer de participar con una minisección a la que titulé «Redes sociales y orientación profesional: el caso de Diario de un futuro traductor».

En ella expliqué por qué el uso de blogs y medios sociales en general me parecía un buen método para orientar a una generación como la actual, que pasa una buena parte de su tiempo libre (y de su tiempo profesional) en Internet.

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La oficina a cuestas: cómo es trabajar con tableta

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Cuando me preguntan por las cosas que no me gustan de ser autónomo, se me ocurren muchas, pero el tema del que voy a hablar hoy, precisamente, es una de las cosas que más me gusta: siendo traductor autónomo no necesito una oficina física para trabajar, sino que puedo hacerlo en cualquier lugar.

Ser profesionales freelance nos da movilidad. Nos permite trabajar mientras estamos de viaje, por lo que podemos acudir a eventos, irnos de vacaciones y hacer un proyecto puntual o, incluso, reunirnos con clientes en alguna otra ciudad: sea como sea, podemos tener una oficina totalmente operativa gracias a la magia de los equipos portátiles.

De hecho, yo ya he hecho uso de esa magia gracias a mi equipo portátil. Y no, mi oficina portátil no es un ordenador portátil, ni siquiera un ultrabook (¿acaso no son la misma cosa?). Cuando tengo que trabajar fuera de mi equipo habitual, utilizo una tableta. Y hoy os voy a explicar cómo se trabaja desde un equipo de este tamaño, además de las ventajas y los inconvenientes.

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El año de la búsqueda

writing-1149962Todos tomamos el 1 de enero y el 31 de diciembre como el principio y el final del año, respectivamente. Y así es, según el calendario, pero hay calendarios especiales. Los que trabajamos dando clases o estamos muy relacionados con el mundo académico, sea al nivel que sea, sentimos que los años empiezan en septiembre y terminan en junio, mientras que en verano se forma un vórtice del espacio y del tiempo donde intentamos generar todo el tiempo libre que luego nos va a faltar.

Sea como fuere, en los inicios y finales del año nos ponemos a pensar en todo lo que hemos hecho, pero también lo que no hemos hecho, durante los meses anteriores. Frases que empiezan con «Tendría que haber…» y «Ojalá hubiera…» se repiten en la mente una y otra vez no solo a lo largo de todos los meses que vivimos, sino, precisamente con más fuerza, en estas fechas tan señaladas.

Yo prefiero centrarme en lo que he hecho durante estos meses, en lo que he vivido y en lo que he experimentado de enero a diciembre, porque pensar en el año escolar (como normalmente hago) no tiene tanto sentido actualmente. Tampoco tiene sentido centrarse en lo que debería haber hecho; al menos, prefiero contaros cosas positivas y que os veáis reflejados.

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Entrevista a Antonio Martín: «Cada vez se toleran menos los errores en los textos»

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Cuando me preguntan qué es lo que considero más importante a la hora de enseñar, les puedo dar una respuesta más o menos larga, pero todas se resumen en que el profesor debe motivar al alumno a aprender y a descubrir lo que puede hacer por sí mismo gracias a las enseñanzas del profesor, además del aprendizaje autónomo. Uno de esos profesores que motiva, que cautiva por su carisma y por sus enseñanzas es Antonio Martín. Y desde que tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en el II Curso de Ortotipografía y Corrección de Estilo, organizado por el doctor Jorge Leiva Rojo de la Universidad de Málaga, se convirtió en un referente personal como profesional lingüista y como profesional docente.

Ahora que he tenido la oportunidad de presentar Diario de un futuro traductor en Cálamo & Cran, su gran proyecto de formación y su casa —«la tuya también, que lo sepas», me ha dicho más de una vez—, decidí aprovechar para preguntarle sobre su gran proyecto, que ahora cumple 20 años, además de sus implicaciones en asociaciones como UniCo y en el grupo de lingüistas Palabras Mayores.

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Los autónomos sí que somos superhéroes

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El tiempo pasa y todavía no me creo que hace ya casi dos años que sea profesional autónomo. En marzo de 2015 decidí que era el momento de hacerme autónomo y, como comenté hace ya unos meses, vender mi libro Diario de un futuro traductor y empezar a colaborar con colegas y regularizar mi situación laboral con otros clientes con los que quería empezar a trabajar.

Supongo que en ese 2015 tomé muchas decisiones que estaban enfocadas a emprender una aventura laboral que me apetecía y que era necesaria por muchas razones. No solo las laborales que acabo de mencionar, sino también muchas otras de carácter personal. Por ese entonces estaba trabajando detrás de una barra (donde la verdad es que aprendí muchísimo y, de hecho, volvería después de ver que los comienzos no son fáciles para nadie) y no me sentía cómodo haciendo algo que no me gustaba.

Así fue cuando, después de darle muchísimas vueltas, decidí empezar a intentar ganarme la vida con lo que había estudiado. Y fue entonces cuando me di cuenta de que las cosas que se decían sobre los autónomos eran verdad: son (somos, de hecho) unos auténticos superhéroes.

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El día que dije no a los realities

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Que cada vez hay más programas de telerrealidad o reality shows es algo innegable: desde grabar a personas anónimas (y no tan anónimas) encerradas en una casa donde tienen que convivir para ganar un premio, como la marca Big Brother/Gran Hermano, hasta programas en los que graban la vida de celebridades de diferente tipo, como Keeping Up with The Kardashians, sin olvidar los programas más curiosos, en los que había que construir una casa, con un título tan poco original como La casa de tu vida.

Llevando este tema a nuestro terreno, puedo decir que traducir realities no es nada sencillo, por todos los personajes que actúan e interactúan dentro del programa, así como la gran cantidad de carga cultural que existe dentro de las conversaciones del día a día, además de una relación con otras temporadas del programa u otros elementos internos o externos relacionados con él. Cuando se traduce un programa de estas características se quiere hacer una relación, precisamente, con el nombre de este tipo de programas, telerrealidad, y mostrar un lenguaje lo más real posible. Y es parte de ese lenguaje, además de otros elementos visuales, lo que nos hace sentir que el reality es parte de la realidad, hace que lo vivamos y que nos metamos dentro. Pero ¿habéis pensado alguna vez en las implicaciones que tiene el meteros, literalmente, en un reality show?

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Elegir alemán como lengua de trabajo y otros desastres

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Cuando pregunto a los traductores de mi entorno cuál es el factor que consideran más importante para trabajar en este campo, hay varias respuestas que se repiten: lengua meta (en nuestro caso, el español), conocimientos técnicos sobre el tema que tenemos que traducir, una buena labor de documentación, las lenguas origen… Yo soy de los primeros, de los que piensa que los conocimientos de la lengua meta superan con creces al resto de factores, que, aun así, siguen siendo importantes.

Sin embargo, también pienso que las lenguas origen juegan un papel clave en la traducción: hay que entender a la perfección lo que quiere decir el texto para transmitir el mismo contenido a la lengua meta. Hay que conocer bien las estructuras, el sentido que quiere evocar las lenguas de origen para hacer lo mismo con las lenguas de destino y que los lectores tengan la misma actitud hacia el texto.

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Reflexiones sobre la traducción

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Después de celebrar año y medio como trabajador autónomo, después de celebrar mi sexto año el día de San Jerónimo, patrón de los traductores, y después de celebrar casi dos años desde que me graduara, me he puesto a reflexionar sobre la traducción, sobre qué es lo que está pasando desde el punto de vista de un traductor todavía novato que espera celebrar muchísimo más en el futuro relacionado con esta disciplina.

La traducción ahora es mi modo de vida. Considero que la traducción es mi trabajo a tiempo completo, aunque hace unos años ni siquiera pensaba que esto fuera a ocurrir. Yo empecé a estudiar Traducción e Interpretación porque quería ser profesor de inglés y porque pensé que era una carrera que recogía varias cosas que me gustaban: idiomas, pues siempre me ha gustado aprender lenguas (¡y enseñarlas!); una aplicación práctica de los conocimientos aprendidos, ya que durante la carrera no se enseñan idiomas, sino que se aplican a un fin, como es la traducción y la interpretación, en este caso; y, por último, la subjetividad, pues no es una ciencia exacta y cada traducción depende de muchos factores.

Y aunque ahora considere, como acabo de decir, que la traducción es mi trabajo, también pude usarla como prisma dentro de mi carrera universitaria como aprendizaje y como base para mi futura carrera profesional. Ahora que soy traductor, también tengo bastante claro que quiero que sea mi futuro. Y supongo que, ya que estamos aquí, debería explicar por qué estoy reflexionando acerca de todo esto. Y las razones son varias.

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