La manzana que oculta el rostro del protagonista de esta obra tiene motivos religiosos, ya que es una referencia clara al pecado original, la tentación e, incluso, la inmortalidad. Es un símbolo que, en el título «El hijo del hombre», hace referencia al mismísimo Cristo.
Sin embargo, el hombre de la pintura no puede ser más normal. Viste bombín y traje, una indumentaria clásica y corriente durante los años en los que se creó la obra… y, aun así, a pesar de ser normal, nos oculta lo que más nos diferencia: el rostro.
Esta ocultación por parte del autor nos hace tener curiosidad por saber qué está pasando, que nos está queriendo contar, qué hay que hacer para entender su mundo.