
El verano siempre es una época confusa. Si bien todo el mundo normalmente coge vacaciones durante estos meses, para mí suele ser un todo o nada: demasiado trabajo o pasarlo mal por no poder facturar lo suficiente. Este parece ser que va a ser uno de los segundos.
Durante los últimos meses me he encontrado en una situación profesional bastante complicada. La carga de trabajo ha sido prácticamente nula, algunos proyectos han llegado a su fin y las oportunidades laborales, que normalmente llueven a estas alturas del año, no siempre aparecen cuando se les necesita. Quienes trabajamos por proyectos, enlazando cursos, colaboraciones o, simplemente, encargos, sabemos que existen etapas de abundancia y etapas de incertidumbre. Pues precisamente esa última palabra, incertidumbre, sea la que mejor define mi situación actual.
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