A veces hay que perderse

Dicen que a veces hay que perderse para volver a encontrarse, pero la verdad es que es curioso el hecho de que siempre evitamos hacer lo necesario para perdernos. Llámalo rutina o llámalo como quieras: al final todas esas acciones repetidas una y otra vez en el tiempo, que nos acaban quitando las ganas de arriesgar, hacen que tomemos caminos que quizás no deseamos tomar nunca.

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Razones por las que dejé de trabajar con academias (y una razón por la que volvería)

En marzo de 2015, empecé mi andadura como autónomo, aunque, como muchos sabéis, acabé dejándolo en junio de 2017 para dedicarme en exclusiva a la enseñanza de idiomas. Desde entonces, no he parado de trabajar en puestos relacionados con la docencia, ya sea en empresas no relacionadas con la enseñanza como en academias y centros de formación.

Dejar la traducción, como he mencionado en varias ocasiones, no fue fácil, pero dadas mis experiencias como gestor de mi propio negocio y las ofertas surrealistas que me fui encontrando durante mi tiempo como profesional freelance, la verdad es que prefería trabajar por cuenta ajena.

Mi sorpresa ha sido que, a pesar de que el servicio de formación no reglada en España goza de una salud bastante buena —gracias a la necesidad de acreditación de idiomas por parte de las instituciones universitarias, los colegios bilingües y la necesidad de unos conocimientos lingüísticos suficientes para ser competitivo en el mundo laboral—, últimamente me he encontrado con algunos aspectos de las academias que me han hecho decir hasta aquí y no volver a trabajar con ellas.

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RuPaul’s Drag Race: Category is… doblaje vs. subtitulado

Han pasado ya cincuenta años desde los disturbios de Stonewall, ocurridos en junio de 1969 y considerados como un punto de inflexión para el colectivo LGTB+ y, sobre todo, para las drag queens y transexuales que iniciaron la revuelta. Este motín por la libertad sexual y de identidad de género, que actualmente sigue en boca de todos, les permitió ganar visibilidad en las décadas siguientes, pero no fue hasta los años noventa, con películas como Las aventuras de Priscilla, reina del desierto o el documental Paris is Burning donde se mostró al mundo cómo era ser una drag queen.

Hoy en día, el fenómeno drag (del verbo drag, ‘arrastrar’, por cómo arrastraban los vestidos que se ponían los hombres que se travestían) se ha convertido en parte de la cultura popular del colectivo LGTB+ y del público más general a través de programas como el de competición de drags producido por RuPaul, el artista más famoso a nivel mundial de este mundillo.

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Pongamos que hablo de traducción

El 30 de septiembre se celebra San Jerónimo, patrón de los traductores, y muchos de nosotros —sí, sigo siendo traductor— aprovechamos este día para hablar de ciertos aspectos de la traducción que nos gusten, que nos apasionen o, en algunos casos, que nos sorprendan. Y, aprovechando mi posición de «lejanía» en cuanto a la profesión se refiere, me gustaría hacer una reflexión acerca de mi cambio de visión sobre la profesión.

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Nuevos horizontes para este curso

Septiembre siempre es un mes emocionante para aquellos que nos dedicamos a la docencia, ya que es como nuestro enero: todo empieza en septiembre, y tenemos que organizar nuestra vida a partir de lo que pase en este nuevo curso. Y no es por nada, pero, con todas las puertas abiertas que tengo ahora mismo frente a mí, estoy con una mezcla entre alivio y vértigo.

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El verano más raro de mi vida (por ahora)

Este año ha sido una locura. Algunos me diréis: «¡Pero si estamos en junio!», pero muchos sabréis (y los profesores seguro que estáis de acuerdo conmigo) que yo entiendo los años como los cursos escolares. Ahora que el mío está a punto de terminar, se aproxima un verano en el que no sé muy bien qué va a pasar conmigo.

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Andaluz tenías que ser

Hoy es el Día de Andalucía, y quería contaros una historia que me pasó hace mucho tiempo, pero que se ha repetido bastantes veces en el tiempo, pero de diferentes formas. Estoy hablando de los prejuicios que tienen muchos hacia los andaluces, hacia lo andaluz (así en general) y hacia el andaluz (como dialecto).

Hace unos años, me dijeron que parecía muy poco malagueño para ser de aquí, pero demasiado «vasto» para ser de otra parte que no fuera Andalucía. En su momento, no supe bien cómo tomarme esa afirmación, pero estuve pensando en ella días, si no semanas, porque no paraba de venirse a la cabeza otro episodio que tuve relacionado con los tópicos malagueños y andaluces, el hablar de esta tierra y también sobre las consecuencias que tienen sobre la personalidad de los que somos y vivimos aquí.

El primer episodio que he mencionado pasó en una entrevista de trabajo. Como era de cara al público y había que hablar inglés, la entrevista fue totalmente en este idioma, por lo que el entrevistador (que no era andaluz, por cierto) no me escuchó hablar español en ningún momento… hasta el final. Me dio las felicidades (ya en castellano) por mi nivel de inglés y mi acento prácticamente neutro. Al darle las gracias, con mi acento malagueño*, él me miró con cara rara. Y le pregunté que qué pasaba.

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Acciones para cumplir los Propósitos de Año Nuevo

Hace casi un mes que empezó el año y, con él, los propósitos de todos los 1 de enero. Pensar que el tiempo se divide en años y que no es un flujo continuo nos ayuda a pensar que podemos cambiar nuestra vida del día a la mañana, que el que se acuesta el 31 de diciembre no es el mismo que el 1 de enero y que todo va a ser bueno, bonito y fácil a nuestro alrededor. Pues no es así.

He dejado que pasara un mes antes de escribir este artículo por diferentes factores; entre ellos, además del poco tiempo del que dispongo al pertenecer a la poca conocida generación «sí-sí» (como apuntaba mi compañera de trabajo hace unos días), es que he querido dejar un tiempo de barbecho para ver si lo que me he propuesto cumplir durante estos doce meses tiene algún tipo de sentido.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que los propósitos pueden quedar en el olvido si no somos concretos con ellos. Decir «Quiero perder peso» es un concepto muy amplio: ese peso del que nos queremos desprender puede ser solo 1 kg; sin embargo, si nos ponemos metas específicas, más cerradas y, sobre todo, realistas, podremos cumplirlos.

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Presunción de sobresaliente

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Durante los últimos días no solo he pensado en lo que prácticamente todo el mundo piensa, que es en todo lo que he hecho este año y en cómo me puede afectar al año que entra (¡como si el tiempo no fuera un continuo que no se detiene para nadie!), pero también me he acordado de un concepto que me gustaba mucho de una profesora que tuve durante la Secundaria.

En esa época, a mí me flipaba la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, y el hecho de que ella diera una asignatura un tanto difícil de tragar para un adolescente como esa de una forma tan amena y con tanta soltura (la experiencia de tantos años, supongo) fue uno de los gérmenes de mi actitud para con la docencia.

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Mi experiencia con el NaNoWriMo

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Cada mes de noviembre, todos los aficionados al arte de escribir se proponen algo: «tengo que terminar esa maldita novela que tengo a medias». Y es que producir literatura no es nada fácil. Los que escriben (o escribimos, si me puedo dar el gusto de añadirme) sabemos cómo es el mundo de las historias que tenemos que contar y, muchas veces, lo que tenemos en la cabeza no es lo que acaba sobre el papel.

La inspiración va y viene, no podemos tratar de hacer que trabaje para nosotros como si fuera un empleado en plantilla, sino que tenemos que esperar a que aparezca, como aquel funcionario que apareció después de 10 años y que no había dado un palo al agua. Pero para eso está el NaNoWriMo.

El NaNoWrimo (o #nanowrimo2018), el mes nacional de escritura de novelas, se presenta como un enfoque diferente para todos aquellos que tenemos una obra a medias, para todos aquellos que queremos contar una historia y a los que nos da miedo de lo que podemos llegar a escribir. Durante el mes de noviembre, el NaNoWrimo nos anima a terminar una obra en 30 días. Pero ¿es eso posible? Sigue leyendo