Todo sigue igual, todo está cambiando

Hace unas semanas que leí el título de un artículo que se llama, precisamente, como la publicación que estás leyendo. Hablaba sobre la política actual, pero yo no vengo a hablar de política, sino a hacer un poco de revisión de este curso que ha sido tan especial y tan complicado a partes iguales.

Desde septiembre, cuando volvía a empezar, como casi cada curso, decía que este curso iba a ser una revisión de todo lo que no pudo ser el año anterior, pero, como casi siempre, me equivocaba, ya que al final estos meses han ido por otros derroteros, debido a los cambios de planes, a las paradas para ¿descansar? y, sobre todo, por mi vida personal y profesional.

Actualmente estoy agradecidísimo de tener la posibilidad de seguir creciendo como profesional, y, de hecho, es algo que me está ayudando a darme la oportunidad de escribir de vez en cuando lo que me pasa por la cabeza, o lo que me gustaría que me hubieran dicho antes de tomar según qué decisiones o, simplemente, lo que va ocurriendo en mi vida, como forma de llevar un registro de las coordenadas en las que voy pisando, que, precisamente, fue el origen de crear este blog que ya inicié hace más de cinco años.

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Tenemos que hablar de los certificados de idiomas

Cuando uno es joven, siempre acaba siendo más atrevido de la cuenta, y dice cosas que quiere hacer y las que jamás se le pasaría por la cabeza; por poner un ejemplo, cuando empecé a estudiar Traducción e Interpretación y decidí probar cómo sería ser traductor (o intérprete), dije que jamás sería autónomo. Pues mira, fui autónomo durante casi tres años y medio. Cuando estudié el Máster de Profesorado, también me prometí que las oposiciones no estaban hechas para mí y que no perdería mi tiempo en ellas. Spoiler: llevo dos años preparándolas.

Con los certificados de idiomas me ha pasado una cosa parecida. Siendo traductor, nunca me habían solicitado ningún tipo de certificado que pusiera de manifiesto el nivel de idiomas con el que contaba, ya que se daba por hecho que mi nivel en inglés, por poner un ejemplo, era alto, ya que cuento con un Grado en Traducción e Interpretación y, además, también tengo experiencia previa en campos relacionados con los idiomas (como la misma traducción, la corrección o la redacción). Tampoco se me había solicitado demostrar mi destreza con el inglés en puestos relacionados con la formación, ya que con mis estudios era suficiente.

Sin embargo, una vez empiezas una carrera tan importante como la de opositar, te das cuenta de que hay muchos pasos que podrías haber dado con anterioridad que actualmente no tienes a tu favor, y que muchos otros competidores han avanzado hacia la obtención de méritos que actualmente no posees, como, precisamente, haberse presentado a certificados de idiomas. Pero ¿es obligatorio hacer exámenes solo para rascar algún punto? ¿La obtención de estos títulos es para todo el mundo? ¿De verdad te diferencia tantísimo tener un certificado o no? Pues la respuesta, como buen traductor, es «depende».

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Las cinco fases del opositor

Siempre dicen que la vida empieza cuando termina nuestra zona de confort. Ya he dicho en más de una ocasión que trabajar como traductor (o como camarero, o como cualquier otro trabajo que no fuera profesor de inglés) era, en cierto modo, la opción más fácil para mí, aunque conseguir trabajo en esta industria sea algo difícil (que no imposible), pero decidí salir de la rutina en 2017 y he de decir que ha sido una de las mejores ideas que he tomado en mi vida.

La cosa es que ahora que este proceso de oposiciones está acabando y la fecha del examen se va acercando me he dado cuenta de que los opositores pasamos por diferentes fases desde el principio del curso a la fecha de la convocatoria, y no todas son agradables, ni bonitas ni, mucho menos, fáciles. La idea de que unas oposiciones son el camino fácil o que cualquiera puede o debe opositar tiene que acabar, no solo porque no es verdad, sino porque tampoco es sano presionar a nadie para que pase por un proceso que no le llena.

Sea como fuere, y después de mucho darle vueltas a la cabeza sobre el tema, he diferenciado cinco fases por las que he ido pasando durante estos últimos meses, y también algunos compañeros con los que comparto objetivos a nivel profesional.

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El año que nos cambió

Posiblemente haya tenido que reescribir estas líneas unas ¿7, 8? veces porque no me creía lo que estaba escribiendo. Algunas veces era demasiado políticamente correcto; otras, sin embargo, demasiado pesimista. Y es el que el 2020 ha dejado una sensación de haber pasado rápido, de haber pasado como una tormenta que lo deja todo alborotado, pero también de haber pasado casi de puntillas debido al confinamiento, primero, y las restricciones, después.

A pesar de todo, debo decir que el 2020 me ha dejado momentos muy buenos, tanto en el nivel personal como el laboral, y también debo decir que, por (muchísima) suerte, podremos recordar el 2020 como ese año que nos cambió, y, en la mayor parte, hacia una posición mucho más favorable.

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Razones por las que dejaría de opositar (y una por la que llegaré hasta el final)

Después de pasar por la experiencia de ser autónomo, y también de trabajar con academias y otros tipos de formación, llegó a mi mente la idea de querer ser profesor. Pero ser profesor de Secundaria no es algo fácil, y ya hemos comprobado que hay que realizar, como mínimo, una inversión de tiempo y dinero para estudiar el Máster de Profesorado, que está siendo un éxito a nivel nacional.

Las razones son varias, pero creo que la de ser habilitante —al menos, hasta antes de la pandemia del coronavirus de 2020, mediante acuerdo entre comunidades autónomas y el Gobierno Central— es una de las más atractivas, a nivel laboral e institucional, como comentamos en situaciones anteriores. Sin embargo, y hablando de razones, hay diferentes motivos por las cuales he estado pensando varias veces en dejar el proceso de las oposiciones a medias, y uno muy importante por el cual me gustaría luchar hasta el final.

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Claves para entender el éxito del Máster de Profesorado

¿Nunca os han dicho que quienes mejores viven en este país son los profesores? A simple vista, parece que tienen razón: vacaciones por doquier, una jornada laboral fija, un sueldo muy decente… Ver todas estas ventajas a tan solo un pequeño trámite de distancia es muy jugoso; sobre todo, teniendo en cuenta, que solo hay que hacer un máster que ahora mismo está siendo trending topic en la mente de mucha gente.

Pero para entender el éxito —al menos, en cifras— del Máster de Profesorado (que yo cursé en la promoción 2017-2018, y del que hablé hace ya bastante), hay que entender también que las personas que lo están haciendo no solo buscan ser profesores, sino que otros muchos solo quieren abrirse en otros campos y también por presión familiar, como hemos hablado en otros casos. Sin embargo, y a pesar de que todo está bastante claro, ¿de verdad vale la pena estudiar un máster solo para conseguir, al menos sobre el papel, un trabajo para toda la vida»?

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Mi experiencia como tutor de inglés online

Después de mi experiencia trabajando en academias, decidí que era el momento de apostar por otro tipo de formación. Aunque ser profesor de inglés era (y sigue siendo) mi objetivo final, tenía la sensación de que era el momento de cambiar de tercio, de darle una vuelta de tuerca y de encontrar algo que me motivara de nuevo. Y a finales de agosto, justo cuando todo se tornaba negro, encontré la solución (¿o debería decir que me encontró ella a mí?).

Casi de la nada, tenía una entrevista en una empresa de formación para trabajar como tutor de inglés. Trabajar como tutor de inglés no es algo nuevo para mí; de hecho, ya mencioné mi experiencia como especialista en la enseñanza online de idiomas en varias ocasiones, pero esta vez era muy diferente a toda la experiencia que había tenido con anterioridad.

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Volver a empezar

Después de un verano en el que el término «nueva normalidad» ha perdido casi su significado (de tanto usarlo, como diría la más grande) y con las pilas cargadas después de unas vacaciones —no sé si merecidas, pero sí necesarias—, volver a un sitio del que nunca me he ido del todo siempre es raro, pero siempre asoma el mismo sentimiento los 31 de agosto: empieza todo de nuevo.

Volver a empezar este curso va a ser un déjà vu bastante curioso: voy a volver a prácticamente todos los planes que me dejé en septiembre del año pasado, y a recuperarlos después de que este año imposibilitara, entre otras cosas, la celebración de las oposiciones para el cuerpo de Profesorado de Secundaria y Bachillerato en toda España; además, me gustaría seguir creciendo en el campo profesional, si bien sigo trabajando como tutor de inglés (y, de momento, todo va bastante bien).

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Mapas por explorar

Es un hecho que se repite todos los años: llega el calor, las ganas de pasar más tiempo desconectado y no delante de una pantalla, y también la sequía de ideas. Y, claro, llega también el parón consiguiente. Pero este año es diferente, por razones evidentes. De hecho, el año pasado dije que ese verano iba a ser el más extraño de mi vida. Bueno, sorpresas te da la vida: este es todavía más raro. Y no solo en el plano profesional: en lo personal también está siendo inusual, pero hasta puntos que ni siquiera me podría imaginar.

La verdad es que no sé muy bien por dónde empezar, más allá de la situación que estamos viviendo todos y que no sabemos muy bien cómo va a acabar (o cuándo, que también es importante). Pero si comparamos todos los planes que os contaba en septiembre sobre este nuevo curso con los que se han producido o con los que tienen posibilidad de realizarse… pues nos quedamos con una lista de elementos bastante reducida.

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Teletrabajando, que es gerundio

En mitad de una pandemia, el mundo solo se puede parar para algunos. Entre los ERTE, los servicios esenciales y los problemas de algunos para decidir quiénes trabajaban y quiénes no, también otro concepto se convirtió en trending topic en muchas empresas: el trabajo remoto (o teletrabajo). Para muchos, trabajar desde casa era algo nuevo; para otros, sin embargo, sí que era un antiguo conocido.

Durante mis años de autónomo, trabajar desde casa era lo normal, a pesar de que una parte de mi trabajo lo hacía fuera de las cuatro paredes a las que llamaba hogar, entre las clases presenciales y la posibilidad de tener un espacio para trabajar con otros profesionales relacionados con mi campo. Pero teletrabajar no era algo que me resultara extraño, sino que, más bien, echaba de menos hacer un trabajo como el mío desde una localización diferente a una oficina.

Seamos sinceros: desde que empecé a trabajar como tutor de inglés, pensé que este trabajo era muy propenso a hacerse desde casa. Lo necesario, que era un buen ordenador y una buena conexión a Internet, ya lo tenía, por lo que solo quedaba la confianza de nuestros jefes y tambien que se diera la oportunidad de hacerlo para ver si, en realidad, era un trabajo por el que valía la pena trabajar desde casa.

Después de casi dos meses trabajando desde casa, podría decirse que he tenido el tiempo suficiente para ver qué ventajas y desventajas he tenido durante estas semanas, pero también veo el teletrabajo desde una retrospectiva objetiva como para ofrecer algunas medidas que nos podría hacer el trabajo más cómodo para todos una vez volvamos a la normalidad.

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