A la lengua meta hay que quererla

En octubre harán diez años desde que empezara la carrera de Traducción e Interpretación, y desde entonces he visto a muchos defender el carácter multidisciplinar y polifacético debido al contacto con las diferentes lenguas que aparecen en el plan de estudios de la carrera, y también a la plasticidad de estas para tratarlas desde diferentes puntos de vista, ya sea en un texto técnico o en un texto literario.

Precisamente esta visión de la carrera como unos superestudios en los que priman los idiomas extranjeros, defendida por los traductores profesionales y apoyada por el mundo académico, no nos hace ver la importancia que tienen otros aspectos de la carrera que también tienen mucho que ver con algunos de los posibles trabajos que pueden acabar haciendo los egresados en Traducción e Interpretación, como el uso de las nuevas tecnologías.

No advertir del más que necesario uso del ordenador como herramienta de trabajo para el traductor y de otros elementos que nos puedan ayudar en el trabajo del intérprete me hace pensar que quizás no se ponen al mismo nivel elementos importantes dentro del proceso de traducción. Pero creo que, sin lugar a duda, quien se lleva la palma es lo poco que valoramos nuestra lengua meta de cara a promocionar nuestra carrera.

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Opositar o no opositar: esa es la cuestión (personal)

Las oposiciones se están convirtiendo en la salida laboral preferida de muchos que, decepcionados con las opciones que les ofrece el mundo profesional tras terminar la carrera (o un máster), deciden ir a lo público para tener una visión laboral a largo plazo, con una estabilidad sin parangón en el sector privado y con unas condiciones bastante buenas en según qué sector del funcionariado.

Es verdad que trabajar como funcionario trae consigo diferentes ventajas que, en un mundo tan cambiante como en el que nos encontramos actualmente, necesitamos algunos para construir una vida alrededor, como la estabilidad que mencionábamos, además de un posible desarrollo y progreso profesional a través de promociones, un buen sueldo (para los profesores de Secundaria, en el subgrupo A1, el sueldo rondaría entre los 1500-1800 €, según la tabla de la Federación de Enseñanza de CC.OO. de 2014), una conciliación familiar envidiable y una igualdad de oportunidades que el sector privado no asegura.

A pesar de existir diferentes pros para empezar la carrera de las oposiciones, hay varios inconvenientes de este proceso. Me recuerda un poco a ser autónomo: aunque dar el paso de iniciar una carrera de fondo como el de las oposiciones es algo que juega a nuestro favor, la verdad es que no creo que se adecue en muchos aspectos a los objetivos personales o profesionales a los que quieren llegar muchos.

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A veces hay que perderse

Dicen que a veces hay que perderse para volver a encontrarse, pero la verdad es que es curioso el hecho de que siempre evitamos hacer lo necesario para perdernos. Llámalo rutina o llámalo como quieras: al final todas esas acciones repetidas una y otra vez en el tiempo, que nos acaban quitando las ganas de arriesgar, hacen que tomemos caminos que quizás no deseamos tomar nunca.

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Razones por las que dejé de trabajar con academias (y una razón por la que volvería)

En marzo de 2015, empecé mi andadura como autónomo, aunque, como muchos sabéis, acabé dejándolo en junio de 2017 para dedicarme en exclusiva a la enseñanza de idiomas. Desde entonces, no he parado de trabajar en puestos relacionados con la docencia, ya sea en empresas no relacionadas con la enseñanza como en academias y centros de formación.

Dejar la traducción, como he mencionado en varias ocasiones, no fue fácil, pero dadas mis experiencias como gestor de mi propio negocio y las ofertas surrealistas que me fui encontrando durante mi tiempo como profesional freelance, la verdad es que prefería trabajar por cuenta ajena.

Mi sorpresa ha sido que, a pesar de que el servicio de formación no reglada en España goza de una salud bastante buena —gracias a la necesidad de acreditación de idiomas por parte de las instituciones universitarias, los colegios bilingües y la necesidad de unos conocimientos lingüísticos suficientes para ser competitivo en el mundo laboral—, últimamente me he encontrado con algunos aspectos de las academias que me han hecho decir hasta aquí y no volver a trabajar con ellas.

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RuPaul’s Drag Race: Category is… doblaje vs. subtitulado

Han pasado ya cincuenta años desde los disturbios de Stonewall, ocurridos en junio de 1969 y considerados como un punto de inflexión para el colectivo LGTB+ y, sobre todo, para las drag queens y transexuales que iniciaron la revuelta. Este motín por la libertad sexual y de identidad de género, que actualmente sigue en boca de todos, les permitió ganar visibilidad en las décadas siguientes, pero no fue hasta los años noventa, con películas como Las aventuras de Priscilla, reina del desierto o el documental Paris is Burning donde se mostró al mundo cómo era ser una drag queen.

Hoy en día, el fenómeno drag (del verbo drag, ‘arrastrar’, por cómo arrastraban los vestidos que se ponían los hombres que se travestían) se ha convertido en parte de la cultura popular del colectivo LGTB+ y del público más general a través de programas como el de competición de drags producido por RuPaul, el artista más famoso a nivel mundial de este mundillo.

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Pongamos que hablo de traducción

El 30 de septiembre se celebra San Jerónimo, patrón de los traductores, y muchos de nosotros —sí, sigo siendo traductor— aprovechamos este día para hablar de ciertos aspectos de la traducción que nos gusten, que nos apasionen o, en algunos casos, que nos sorprendan. Y, aprovechando mi posición de «lejanía» en cuanto a la profesión se refiere, me gustaría hacer una reflexión acerca de mi cambio de visión sobre la profesión.

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Nuevos horizontes para este curso

Septiembre siempre es un mes emocionante para aquellos que nos dedicamos a la docencia, ya que es como nuestro enero: todo empieza en septiembre, y tenemos que organizar nuestra vida a partir de lo que pase en este nuevo curso. Y no es por nada, pero, con todas las puertas abiertas que tengo ahora mismo frente a mí, estoy con una mezcla entre alivio y vértigo.

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El verano más raro de mi vida (por ahora)

Este año ha sido una locura. Algunos me diréis: «¡Pero si estamos en junio!», pero muchos sabréis (y los profesores seguro que estáis de acuerdo conmigo) que yo entiendo los años como los cursos escolares. Ahora que el mío está a punto de terminar, se aproxima un verano en el que no sé muy bien qué va a pasar conmigo.

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Andaluz tenías que ser

Hoy es el Día de Andalucía, y quería contaros una historia que me pasó hace mucho tiempo, pero que se ha repetido bastantes veces en el tiempo, pero de diferentes formas. Estoy hablando de los prejuicios que tienen muchos hacia los andaluces, hacia lo andaluz (así en general) y hacia el andaluz (como dialecto).

Hace unos años, me dijeron que parecía muy poco malagueño para ser de aquí, pero demasiado «vasto» para ser de otra parte que no fuera Andalucía. En su momento, no supe bien cómo tomarme esa afirmación, pero estuve pensando en ella días, si no semanas, porque no paraba de venirse a la cabeza otro episodio que tuve relacionado con los tópicos malagueños y andaluces, el hablar de esta tierra y también sobre las consecuencias que tienen sobre la personalidad de los que somos y vivimos aquí.

El primer episodio que he mencionado pasó en una entrevista de trabajo. Como era de cara al público y había que hablar inglés, la entrevista fue totalmente en este idioma, por lo que el entrevistador (que no era andaluz, por cierto) no me escuchó hablar español en ningún momento… hasta el final. Me dio las felicidades (ya en castellano) por mi nivel de inglés y mi acento prácticamente neutro. Al darle las gracias, con mi acento malagueño*, él me miró con cara rara. Y le pregunté que qué pasaba.

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Acciones para cumplir los Propósitos de Año Nuevo

Hace casi un mes que empezó el año y, con él, los propósitos de todos los 1 de enero. Pensar que el tiempo se divide en años y que no es un flujo continuo nos ayuda a pensar que podemos cambiar nuestra vida del día a la mañana, que el que se acuesta el 31 de diciembre no es el mismo que el 1 de enero y que todo va a ser bueno, bonito y fácil a nuestro alrededor. Pues no es así.

He dejado que pasara un mes antes de escribir este artículo por diferentes factores; entre ellos, además del poco tiempo del que dispongo al pertenecer a la poca conocida generación «sí-sí» (como apuntaba mi compañera de trabajo hace unos días), es que he querido dejar un tiempo de barbecho para ver si lo que me he propuesto cumplir durante estos doce meses tiene algún tipo de sentido.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que los propósitos pueden quedar en el olvido si no somos concretos con ellos. Decir «Quiero perder peso» es un concepto muy amplio: ese peso del que nos queremos desprender puede ser solo 1 kg; sin embargo, si nos ponemos metas específicas, más cerradas y, sobre todo, realistas, podremos cumplirlos.

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