La maravilla de ser (traductor) autónomo

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Lo digo y no me lo creo: hoy, precisamente hoy, cumplo dos años como autónomo. Hace un año tampoco me creía lo rápido que pasa el tiempo, pero es verdad que, cuando estás haciendo lo que te gusta (en mi caso, traducir, enseñar, comunicar y orientar a estudiantes), el tiempo se pasa volando.

En cuestión de un año, me he dado cuenta de que había algunas claves que había que tener en cuenta, pero también muchísimo más por aprender y, sobre todo, por experimentar. Siendo autónomo tienes que sacar adelante, casi por obligación, un montón de cosas que puede que no se aprendan en otros trabajos: fiscalidad, facturación, actitudes empresariales y muchísimo más para que tu negocio siga a flote.

Son muchas horas invertidas en trabajo, a veces no productivo, pero, como decía, en mi caso, han sido dos años fantásticos, con sus idas y sus venidas, en los que he tratado de luchar por lo que quiero: una independencia laboral en la que hay que estar preparado para todo, incluso para ser un superhéroe, si la situación lo requiere. Pero ¿qué es lo que me gusta tantísimo de ser autónomo?

Comparativa del primer año al segundo
Desde el primer año hasta ahora han pasado muchísimas cosas, y la mayoría han sido difíciles de gestionar, pero, si aquí estamos, eso significa que se han superado. Supongo que con cada piedra que nos encontramos en el camino nos hacemos un poco más fuertes, más resistentes. Pero debo admitir que hace un tiempo no pensaba como ahora.

Cuando te das cuenta de que estás solo, de que tienes que llevar un negocio, no solo necesitas un mensaje de ánimo (que también son necesarios para saber que sí se puede), sino también ver resultados para que vea que todo eso está valiendo la pena. Durante el verano del año pasado decidí que era el momento de ponerme activamente a buscar más clientes, porque pensaba que yo quería empezar por un destino diferente, por las agencias de comunicación y empresas de servicios internacionales.

Fueron decenas de correos que se quedaron en la bandeja de entrada, en la bandeja de correo de correo no deseado o, peor aún, en la papelera de estas empresas. Ni una me contestó. A día de hoy, no sé si fue la falta de interés, por mi carta de presentación o mi currículo, pero entonces lo único que estaba pensando era en dejarlo, en buscar trabajo de lo que fuera, pero donde no me tuviera que preocupar de pagar cuotas a la seguridad social, en no tener que trabajar a horas intempestivas, en que alguien me dijera lo que tuviera que hacer y luego no tuviera que pensar en nada relacionado con el trabajo.

Lo que me gusta de ser autónomo
Pero, como dije, siendo autónomo te haces fuerte, y en los momentos de alta autoestima tienes que aprovechar para sacarle todo el jugo. Me armé de valor, me puse a buscar trabajo como loco en perfiles especializados para traductores, empecé a contactar con gente ¡que contestaba a los correos! Fue una sensación increíble que me hizo pensar que quizás no todo estaba perdido.

Fue en septiembre cuando me di cuenta de que ser autónomo era algo que me gustaba, precisamente cuando empecé a trabajar de nuevo de cara al público, dando clases a niños y a adultos. Si no hubiera sido autónomo, jamás podría haber compartido (al menos, de esta forma) mis dos pasiones actualmente, que son la traducción y la enseñanza, además de hacer otras actividades.

Todos sabemos que tener trabajo no es lo más fácil del mundo; de hecho, es una de las desventajas más importantes que consideramos los autónomos como perjudiciales para nuestro trabajo, junto a las cuotas de la seguridad social y las condiciones de pago. Sin embargo, yo animo a todos esos traductores que están empezando, quieren empezar o están interesados en la vida freelance que no se den por vencidos.

La vida freelance no es para todo el mundo
También animo a hacer un juicio de valor, algo que solo podemos hacer nosotros mismos. No hay que forzar una situación que quizás no es para nosotros. Hay personas que no saben ni quieren ser sus propios jefes, ni tener que dedicar más horas de la cuenta… ¿Os suena esta situación?

En mi caso personal, gracias a ser autónomo, he podido aplicar nuevos métodos en mi trabajo como profesor y ver los resultados que tiene algo tan moderno y tan novedoso como la gamificación. Gracias a trabajar desde mi casa, necesitando solo una conexión a Internet y un ordenador medianamente potente, he podido viajar y llevarme una parte del trabajo conmigo para no dejar colgados a mis clientes.

Y hablando de clientes, algo buenísimo de ser autónomo es que puedes trabajar para varias personas y en diferentes modalidades (en línea o presencial, por ejemplo), aunque aceptar ciertas tarifas y ofertas sea una locura, algo bastante normal en nuestro gremio.

En definitiva, ser autónomo tiene sus cosas buenas, sus cosas malas y sus cosas regulares que pueden ser mejorables. La cuestión es todo lo que queramos hacer nosotros por mejorar nuestra situación y tomar una actitud activa hacia el trabajo, que para eso es lo que nos da de comer.

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