
Hace tan solo dos semanas iba a una entrevista para trabajar en el aeropuerto en una compañía aérea. Dije «hasta aquí» con la docencia. Estaba mirando a un poco más al medio-largo plazo, aunque el ser autónomo y docente no me permita mirar más allá del mes que viene. ¿Y sabéis qué pasó? Que no me presenté a la entrevista. No solo porque las condiciones económicas no me convencieran, sino también porque no me vi trabajando de otra cosa que no fuera de profesor de inglés… De hecho, es que tampoco el mercado laboral me ve como otra cosa que no tenga que ver con la enseñanza. Y aquí es donde entra el tema de hoy: la vocación.
En la sección «Tenemos que hablar», abordamos temas relevantes, complejos o polémicos sobre la vida personal, profesional o académica. Es un espacio de reflexión y de conversación, incluso de exploración de diferentes perspectivas, que ofrece una oportunidad de analizar cuestiones desde un punto de vista más crítico. Ya hemos tratado los certificados de idiomas, de los trabajos de fin de grado, y de la inteligencia artificial.
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Dice Alejandro Sanz en una de sus últimas colaboraciones que inventamos Twitter para desahogarnos, y creo que tiene razón (aunque la canción en la que aparece esta referencia me parezca una mierda). Utilizamos esta red social para contar cosas que nos pasan en nuestro día a día, aunque también compartamos noticias, recursos y otros enlaces interesantes. Hace ya un tiempo que he visto como (ex)compañeros de profesión acudían a la red del pájaro azul (traductores autónomos noveles o recién egresados de la carrera) que han decidido dejar de intentarlo, dejar de querer formar parte de este gremio por las dificultades con las que se encuentran día a día en su búsqueda de trabajo y de nuevos clientes.










Las relaciones humanas son muy curiosas, pero también la vida en general. Durante mis años detrás de 







Todos tomamos el 1 de enero y el 31 de diciembre como el principio y el final del año, respectivamente. Y así es, según el calendario, pero hay calendarios especiales. Los que trabajamos dando clases o estamos muy relacionados con el mundo académico, sea al nivel que sea, sentimos que los años empiezan en septiembre y terminan en junio, mientras que en verano se forma un vórtice del espacio y del tiempo donde intentamos generar todo el tiempo libre que luego nos va a faltar.




