
Después de celebrar año y medio como trabajador autónomo, después de celebrar mi sexto año el día de San Jerónimo, patrón de los traductores, y después de celebrar casi dos años desde que me graduara, me he puesto a reflexionar sobre la traducción, sobre qué es lo que está pasando desde el punto de vista de un traductor todavía novato que espera celebrar muchísimo más en el futuro relacionado con esta disciplina.
La traducción ahora es mi modo de vida. Considero que la traducción es mi trabajo a tiempo completo, aunque hace unos años ni siquiera pensaba que esto fuera a ocurrir. Yo empecé a estudiar Traducción e Interpretación porque quería ser profesor de inglés y porque pensé que era una carrera que recogía varias cosas que me gustaban: idiomas, pues siempre me ha gustado aprender lenguas (¡y enseñarlas!); una aplicación práctica de los conocimientos aprendidos, ya que durante la carrera no se enseñan idiomas, sino que se aplican a un fin, como es la traducción y la interpretación, en este caso; y, por último, la subjetividad, pues no es una ciencia exacta y cada traducción depende de muchos factores.
Y aunque ahora considere, como acabo de decir, que la traducción es mi trabajo, también pude usarla como prisma dentro de mi carrera universitaria como aprendizaje y como base para mi futura carrera profesional. Ahora que soy traductor, también tengo bastante claro que quiero que sea mi futuro. Y supongo que, ya que estamos aquí, debería explicar por qué estoy reflexionando acerca de todo esto. Y las razones son varias.



Todas las historias tienen un comienzo, un desarrollo y un final. Pero todas las historias que se escriben en episodios, en capítulos o en artículos, como Coordenadas, necesitan un momento de descanso para tratar de reposar las ideas.
¿Qué pinta un traductor en un evento como el 
Durante el mes de abril, además de acudir como ponente en las jornadas que organiza la
¿De verdad a alguien le gustan los lunes? Son unos días difíciles de querer. Después de la pausa que nos da el fin de semana (si es que no hemos aceptado el típico proyecto «urgente» que recibimos el viernes a última hora y que tenemos que entregar), nos toca volver a nuestro pequeño cubículo donde traducir, revisar o redactar lo que tenemos que ir entregando a nuestros clientes.




Muchos de vosotros sabéis que mis primeros trabajos no estaban relacionados con la traducción, ni siquiera con la enseñanza, 









Lo más difícil de escribir una historia no es definir los personajes que van a formar parte de ella, ni elegir los escenarios donde van a tener lugar los eventos más importantes. Ni siquiera lo más difícil de escribir una historia es elegir el título: eso, casi siempre, sale de manera natural (y, casi siempre, al final o al principio).