Ocho cagadas catalanas

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A los traductores nos encantan los idiomas: es algo obvio, pues es nuestro principal instrumento de trabajo. Sabemos apreciar las lenguas por varias razones: por el acento que tienen (a algunos les escandaliza el alemán, mientras que otros precisamente aman el acento que tienen los germanos), las estructuras por las que se rige un idioma determinado (¿hay lenguas que vayan más a su bola que las escandinavas?) o por una relación emocional que tengamos con ese idioma (una pareja o un amigo que hable un idioma determinado, o nosotros mismos, que tengamos que irnos a un país en el que tenemos que aprender el idioma sí o sí).

Supongo que es una sensación que muchos humanos compartimos con diferentes partes del mundo en el que vivimos, como la música, el arte, un paisaje… Hoy os voy a hablar de algo que a mí me gusta bastante, y es el catalán. Era evidente que, como traductor, iba a ser un idioma. Pero es que mi historia con el catalán tiene bastantes anécdotas que me gustaría compartir.

La primera anécdota tiene que ver que empecé a aprender catalán (que no estudiarlo, porque jamás lo he estudiado en ninguna escuela o en ningún curso) de casualidad. Hace unos años, había muchísima gente que compartía vídeos en Facebook de un programa que se llama Alguna pregunta més?, un programa de la televisión pública catalana en el que se repasa la actualidad en forma de sátira. Algunos fragmentos del mencionado programa se hicieron virales a través de las redes sociales, pues es un formato gracioso e innovador que no se adoptó en el resto de España (y de una manera menos crítica) hasta que crearon el programa Top Trending Tele.

La cuestión es que lo que escuchaba de los comentarios en catalán me gustaba. Hasta entonces, no me había dado cuenta de que este idioma tenía una musicalidad y un acentos bastante agradables, y la verdad es que, una vez presté atención, entendía prácticamente el 80 % del contenido, cuando no más. Ahí es cuando me di cuenta de que quería aprender un poquito más de esta lengua. Pero lo que más haces cuando empiezas a aprender un idioma diferente del tuyo son las primeras pifias.

Cagadas léxicas:

Os voy a contar un par de anécdotas referentes al léxico en catalán. La verdad es que entendía la mayoría de los rótulos y de las conversaciones que había en catalán por la cercanía que tenían en referencia al castellano, pero, cuando la cosa se aleja un poco de lo conocido, aparecen historias como las que os voy a contar.

Cuando estuve la primera vez en Barcelona, ya sabía algo de catalán (o eso creía) y estaba decidido a hablarlo todo lo que pudiera. En esa valentía e ingenuidad, entré a una heladería y, tras saludar al hombre que estaba atendiendo, vi los letreros de los helados que había expuestos. Vi uno que me gustó por el aspecto que tenía y ponía «Maduixa». Suponía que era un nombre propio, como podía ser «Kinder» o «Ferrero», como era el caso de los helados que había al lado.

Al pedir un «gelat Maduixa», el hombre me miró raro. Yo no sabía qué había dicho mal. «¿Será que “gelat” era “helado” o “congelado”?», pensé. Lo que no sabía era que maduixa era, básicamente, «fresa» en catalán. Me dio tantísima vergüenza que decidí no hablar catalán sin preguntar antes. Eso sí: esa decisión me duró menos de cinco horas.

Ese mismo día, a la hora de cenar, fui a un restaurante en el que hacían bocadillos, hamburguesas y cosas así, y pedí un «sandvitx de pollastre», con tan mala suerte que el que me atendió no hablaba catalán. No solo quedé como un personaje bastante importante, sino que el chico se vio en un pequeño aprieto.

Una anécdota que no es mía, sino de la traductora Nieves Gamonal, tiene que ver con los falsos amigos. Ella lleva muchísimos años viviendo en Cataluña, pero, a veces, los lapsus con nuestro idioma materno salen a la luz. Cuando tuvo que ir al dentista, dijo que le dolía «les moles del judici»: «La traducción de “muela” no la tenía muy clara, pero estaba convencida de que La Mola (una montaña) se llamaba así por su forma de muela (historias que se monta una), y me quedé tan ancha. Lo de “judici” no tiene perdón, porque la palabra “seny” es de lo primero que se aprende estando aquí».

 Cagadas gramaticales:

¿Sabéis una de las cosas que más me costó aprender en catalán y que a día de hoy, al leer o al tratar de escribir, todavía me cuesta? Cómo se construye el pasado. Se usa el verbo anar («ir») y el infinitivo del verbo en cuestión. Si un castellanoparlante lee No em vaig conformar, seguramente lo traduzca como «No me voy a conformar». Nada más lejos de la realidad, pues lo que quiere decir el que habla catalán es que no se conformó, una acción en el pasado que, tanto de forma escrita como hablada, nos despista a los que solo hablamos castellano.

Otra pifia que a los que hablan francés les parecerá más fácil es la partícula en, que se usa para sustituir complementos precedidos de la preposición «de», como, por ejemplo, «d’aigua» o incluso «de casa». Así salen construcciones como Jo no me’n vull anar , que son muy parecidas a las que usa el francés (Tu prends de café? Je n’en prends pas). Para una persona que solo habla castellano, este tipo de construcciones pueden parecer raras y difíciles de entender.

Otras cagadas:

¿Quién no ha dicho, desde la más absoluta ignorancia, que el catalán es un dialecto? Según la RAE, un dialecto es una «variedad de una lengua que se habla en un determinado territorio». Aunque sí es verdad que existe dentro de Cataluña el dialecto catalán del castellano (es decir, la forma en la que los catalanes hablan el castellano), el catalán es una lengua independiente, pues no cumple uno de los factores del dialecto, que es que los que no hablen ese dialecto puedan recurrir a lo «estándar» para entenderse.

Es evidente que entre el castellano y el catalán no existe ese factor, por lo que un castellanoparlante no entenderá a un catalán que hable catalán. Además, la lengua oral no es el único factor que no cumple, pues la lengua escrita del catalán también difiere de la castellana.

Lo que sí sería un dialecto, según la Real Academia Española, sería el valenciano, aunque del catalán. Aunque sí es verdad que comparten léxico y gramática, no se usa de la misma manera y muchos creen que tienen una identidad propia diferente de la del catalán.

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  • ¡A mí me hablas en español! Vídeo de la videoblogger FocusingVlogs sobre el concepto de la «catalanofobia» que se hizo viral hace unos años.

 

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