Mi primer año como autónomo

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Parece mentira que hace poco más de un año estuviera planeando todo para empezar mi carrera como autónomo. Me parece curioso también que en estos momentos en los que celebramos algo de alguna manera (un cumpleaños, un aniversario o el 31 de diciembre) nos pongamos a pensar en todo lo que ha ocurrido en el tiempo previo a esta marca, a esta fecha clave, y poner en balance lo que hemos aprendido, lo que hemos ganado y lo que queremos conseguir en el tiempo que comienza ahora.

A veces uno no es objetivo cuando piensa en lo que ha ganado o ha dejado de ganar, o, simplemente, en lo que ha podido perder por tener errores de principiante; sin embargo, yo tengo bastante claro ahora, que hago un año como autónomo, que hace un año que trabajo para mí mismo y mis propios intereses, cinco claves que pueden ayudar a muchos autónomos que están empezando o que quieren empezar la aventura de trabajar por cuenta propia.

Creo que he aprendido a ser independiente y a trabajar más y mejor, y me refiero en todos los aspectos y las tareas imaginables. Cuando dije que trabajé como camarero, portero, profesor o cualquier otra tarea que era para el objetivo comercial o monetario de otra persona diferente a mí, no estaba mirando por el negocio como una parte de él, sino miraba por las condiciones por las que me estaban contratando o si el sueldo me valía la pena. En resumidas cuentas, tomaba ese negocio como una opción y es lo que he aprendido con mi negocio, con mi futuro como autónomo: mi negocio es mi prioridad porque creo en lo que hago y me gusta lo que quiero conseguir.

Cuando estas «solo» ante el peligro, te das cuenta de que eres una persona y muchas a la vez (o, mejor dicho, con muchisimas más tareas de las que tiene cualquier empleado): eres tu propio jefe y tú le pones las reglas a tu negocio, pero también eres quien explora, explota y necesita el trabajo que hace que todo funcione. Y cuando estás al mando de una empresa, empiezas a darte cuenta de muchísimas cosas que se veían lejanas cuando no estás dentro de este sistema de retenciones, impuestos y tributos trimestrales. Te acuerdas del enfado que pillaste cuando tu primer cliente te ofreció pagarte a 30 días y te pareció un abuso. Te acuerdas de que hace poco te pusiste como loco de contento porque tu nuevo cliente te paga a 45 días.

Todo esto se aprende viviendo la experiencia de ser autónomo, de que tu familia y tus amigos piense que estás loco por crear algo en lo que crees. Si algo me ha fallado en estos doce meses es eso: creer. A veces es difícil creer en lo que haces si ves que no está teniendo todo el tirón que debiera, todo el apoyo que quisieras o todo el tiempo que necesitara. Pero creo que no hay que perder ni un solo momento y luchar. Podemos aprovechar esos momentos en los que no hay tanto trabajo como quisiéramos para quitarle el polvo a ese curso de alemán que lleva en nuestro ordenador durante más de dos años o intentar arreglar nuestra página web. No hay momento improductivo si sabes sacarle el jugo a cada momento.

Tengo que poner de manifiesto que yo empecé la vida freelance debido a un proyecto como es Diario de un futuro traductor: la naturaleza «independiente» de la obra me obligaba a trabajar en condiciones legales; además, lo tomé como el punto de partida para futuras colaboraciones en el mundo de la traducción, pues, aunque ya tenía algún que otro contacto, estaba a punto de empezar una pequeña gira de promoción del libro, el #futurotraducTOUR, que esperaba que me abriera alguna que otra puerta.

Desde ese punto hasta el día de hoy han pasado muchísimas cosas: correos, facturas, colaboraciones a largo y a medio plazo, redistribución de servicios, inclusión (y exclusión) de muchísimas tareas, discusiones por tarifas, reuniones, clientes y, sobre todo, muchísimo aprendizaje. Por eso me gustaría, como he comentado antes, mirar un poco hacia atrás y ver qué es lo que hecho en este año como autónomo.

  1. Creer en lo que creas. Cuando empecé Diario de un futuro traductor, lo empecé con un mantra, y era que todo artículo que escribiera, todo evento al que acudiera o todo trabajo que aceptara fuera importante para mí; en otras palabras, que creyera en todo lo que creara. Cuando creé ismaelpardo.com, pensé que tenía que ser algo con lo que me sintiera cómodo y que explorara los mundos en los que me gustaría vivir. Al fin y al cabo, nuestro negocio es lo que nos da de comer y hay que tomarlo como una prioridad, no como una opción cualquiera.
  2. La formación y la experiencia marcan la diferencia. En segundo de carrera decidí buscarme unas prácticas en una start-up de ingeniería en la que no cobraba nada (en realidad, nadie cobraba: estaban a gasto cero) de dinero por hacer mi trabajo. Algunos de mis compañeros me decían que era un timo, pero hace tiempo que me di cuenta de que estaba cobrando en experiencia y en rodaje para el autónomo que soy ahora. Puedo decir que gracias a esos meses de práctica y a la formación continua en este campo y en otros he conseguido algún que otro cliente. Bien es verdad que lamento profundamente no haberle dedicado más tiempo a la formación, por ejemplo, del alemán, que ha sido mi segunda lengua extranjera durante cuatro años y que he ido olvidando poco a poco.
  3. El descanso es la clave. Este primer verano como autónomo fue una locura, y no me di cuenta hasta que terminé y tuve que elegir entre trabajar para vivir o vivir para trabajar. Empecé a embarcarme en varios proyectos muy interesantes, motivadores y que me ayudarían a crecer como traductor, redactor y asesor de comunicación, pero de lo que no me di cuenta es que al final no estaba haciendo bien ninguna de las cosas que debería hacer por la falta de sueño. Estar durante más de tres meses durmiendo una media de dos o tres horas no me hizo bien, pero también me hizo aprender una lección importantísima, y es que descansar tiene que entrar en nuestros planes.
  4. Planear y planificar. ¿Sabéis lo que más gracia me ha hecho durante este primer año como autónomo? Que es la primera vez en mi vida que termino una agenda. Han sido muchos los planes, los correos, los envíos de mi libro y los contactos que he tenido que ir apuntando en mis agendas (una virtual, el ToDoIst, y una física, una agenda Oxford de la que ya hablé en Regalos para traductores). Todo esto nos enseña todo lo que tenemos que hacer a lo largo de la semana, del mes y poder planear más acorde a lo que ya tenemos en mente.
  5. La diferencia entre el sí y el no. Estar al frente de un negocio no es fácil, y eso lo sabemos perfectamente los que trabajamos por cuenta propia. Tenemos que buscar proyectos, clientes y recursos para trabajar, pero, mientras normalmente estamos abiertos a la aventura y a la colaboración, muchas veces hay que decir que no.

Y creo que de eso se trata: ser autónomo tiene muchas cosas que se podrían mejorar si la legislación jugara un poco más a nuestro favor (seguramente escriba de esto, pero mucho más adelante), pero creo que los que nos miran raro cuando les decimos cómo vivimos nuestro trabajo se quedan en el escalofrío y no disfrutan de nuestro vértigo.

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