El verano más raro de mi vida (por ahora)

Este año ha sido una locura. Algunos me diréis: «¡Pero si estamos en junio!», pero muchos sabréis (y los profesores seguro que estáis de acuerdo conmigo) que yo entiendo los años como los cursos escolares. Ahora que el mío está a punto de terminar, se aproxima un verano en el que no sé muy bien qué va a pasar conmigo.

Después de mucho pensarlo y meditarlo, a finales de mayo decidí dejar un puesto que me aseguraba un sueldo fijo (aunque un horario caótico) para dedicarme más tiempo a mí mismo y a mis otros proyectos. Trabajar y estudiar era algo que ya había hecho justo el curso pasado; sin embargo, este curso, al no tener las horas compactadas, sino que era una media jornada que se extendía a lo largo del todo el día, se me hacía más difícil seguir el curso.

Aunque no es propio de mi personalidad, tuve que echar por tierra lo que menos «falta» me hacía y posponer algunos proyectos, así que dejé el primer cuatrimestre en febrero con un pleno de «No presentado». También me prometí que iba a esforzarme mucho más en este segundo cuatrimestre para poder tener un verano más o menos tranquilito… pero tampoco pudo ser.

La presión a la que me he visto sometido durante estos últimos meses ha sido bastante difícil de gestionar. Las horas en el trabajo, las pocas horas de sueño, las ganas de empezar de cero… han sido tantas (y demasiadas) las emociones que han necesitado de mi atención que me he visto demasiado abrumado, y no he podido hacer nada más que parar.

Como mencionaba anteriormente, a finales del mes pasado dejé mi trabajo como profesor de inglés para mantener unos meses más relajados en los que pueda centrarme (y encontrarme). Ya dije en varias ocasiones que hablar de fracasos no es fácil, tampoco es bonito, y, desde luego, no es agradable para ninguna de las partes implicadas. Pero, sea como fuere, soy optimista con estos meses que vienen.

De momento, me toca terminar el TFM del Máster Universitario en las Tecnologías de la Información y de la Comunicación en el Tratamiento y la Enseñanza de Lenguas que estoy estudiando en la UNED, que trata sobre el desarrollo de la creatividad a partir de materiales multimedia en las destrezas orales y escritas en lengua extranjera, y que ya llevo bastante bien. Espero tenerlo terminado en junio para que este verano no me dé un patatús (y para que mi tutora no me acabe matando, que ya lo he retrasado veinte veces)…

Además, durante el mes de junio —concretamente, desde el 26 hasta el 28 de junio— se celebrará el VII Congreso Internacional de Traducción e Interpretación Entreculturas en la Universidad de Málaga, en el que participaré con una ponencia sobre la necesidad una orientación profesional y académica para los estudiantes de Traducción e Interpretación, además de una visión sobre el mercado actual para los egresados en esta carrera tan interesante. La inscripción es gratuita (hasta completar aforo).

Durante el verano, trabajaré en las asignaturas que tengo pendientes, así que espero ser lo suficientemente productivo en esas ocho semanas que tengo por delante para que me dé tiempo a descansar lo suficiente y, también, prepararme para lo que me viene: las temidas oposiciones.

Hace un año mismo decidí que en 2020 quería presentarme para probar suerte. Sé que es muy poco probable que consiga nada en unas primeras oposiciones y sin ningún tipo de experiencia, pero esperemos que aparezcan méritos que hacer durante el curso que viene.

Sea como fuere, os deseo un feliz verano y espero que nos veamos en la nueva temporada de Coordenadas, que vendrá cargadita de recursos para profesores de idiomas, artículos interesantes para traductores y profesiones afines, y también muchísimas ganas de contaros historias. Eso sí, el ritmo, de nuevo, será diferente: publicaré cuando me apetezca y cuando tenga tiempo, pero, sobre todo, cuando tenga algo que contar.

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