Mi experiencia con el bullet journal

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Vivimos en la era de la tecnología. Los ordenadores, los teléfonos móviles y demás dispositivos electrónicos se han convertido en la base de la sociedad. Los utilizamos para algo tan sencillo, tan simple o tan básico como saber qué hora es, escuchar música o leer un libro, pero también para acciones más complejas como saber cuánto le falta al autobús, pedir comida a domicilio o hablar con nuestros seres queridos.

Como la tecnología forma parte de nuestra sociedad y está tan arraigada, es curioso ver cómo todavía se lee en papel, e incluso miramos por encima del hombro a aquellos «pringados» que imprimen sus tarjetas de embarque en lugar de mostrar el archivo digital que podemos descargar desde el correo electrónico.

Precisamente, en una era tan tecnológica como esta, es impensable buscar la productividad en algo tan analógico como una libreta y un par de bolígrafos, pero precisamente ese es el secreto de los bullet journals: nos aleja de lo tecnológico los suficiente como para hacer atractivo algo tan simple como lo es una lista de tareas, aunque no es su único objetivo.

Después de más de un mes probando este método, no solo estoy viendo mejoras en mi productividad, sino que también estoy recogiendo algunos puntos que podría mejorar y otros que he dado por imposible, por culpa de mi nulo componente creativo.

¿Qué es un bullet journal?
Cuando descubrí lo que era un bullet journal, pensé que este método de organización no era para mí. Si bien todos los años compro la correspondiente agenda, la decoro y sí que la uso las dos primeras semanas, luego queda relegada a libreta de emergencia o, simplemente, a un objeto más en mi mesa o en mi mochila.

El bullet journal es un sistema de organización personal, como lo es una agenda. La idea es bastante simple: necesitamos un cuaderno nuevo por año, en el que anotaremos a modo de lista todas nuestras tareas diarias, semanales o mensuales. Delante de cada tarea, podemos clasificar la tipología de estas mediante símbolos (por ejemplo, un puntito negro para las tareas urgentes, o un simbolito de color verde para las cosas que se pueden posponer).

Puede ser que en un día no tengamos nada que hacer. ¿Os imagináis qué pasa en una agenda tradicional? Efectivamente: que ese día acaba vacío de contenido y que afea el resto de nuestra agenda. Sin embargo, en nuestro bullet journal podemos evitarlo: solo rellenaremos las páginas con días en los que tengamos que hacer cosas; si no hay cosas que hacer, no tenemos por qué escribir nada, dejando una libreta llena de tareas que hemos realizado a lo largo de nuestro año.

Aparte de como una agenda «no tradicional», también podemos usar nuestro bullet journal para hacer listas sobre cosas específicas, dibujar, escribir pensamientos ajenos a nuestras tareas del trabajo o personales… La idea es, como hemos mencionado antes, es que todo lo que hemos hecho durante todo el año esté recogido en un solo lugar.

Para recoger todo este tipo de contenidos, lo más recomendable es crear un índice con los tipos de entradas que vamos a añadir al bullet journal, un punto clave para este tipo de proyectos.

La idea es que usemos nuestro tiempo para hacer y no en planificar, por lo que las frases deben ser cortas, concisas y claras para dedicarle todo el tiempo posible a ser productivo, a convertir nuestras tareas en productos terminados y, sobre todo, a hacer que nuestro tiempo cuente lo máximo posible.

Todo lo que necesitamos es un cuaderno y un bolígrafo. A partir de ahí, las personalizaciones y los detalles que se le pueden añadir son infinitos. Hay muchos bullet journals que son verdaderas obras de arte. ¿Queréis saber cómo es el mío?

Mi bullet journal: ventajas, desventajas y posibles mejoras
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Como mencioné anteriormente, llevo cosa de un mes utilizando el método del bullet journal para aumentar mi productividad dentro de la empresa donde estoy trabajando actualmente. De hecho, uno de sus sistemas de productividad se parece mucho al bullet journal que estoy utilizando actualmente, en el que muestran tareas diarias, semanales y mensuales. Son muchas tareas en muy poco tiempo, y las puedes gestionar de un vistazo.

Ventajas
El resumen de este mes es que se me han quedado muchas menos tareas sin hacer (por no decir ninguna, que posiblemente se haya escapado alguna). Yo no gestiono las páginas por días, sino por semanas, ya que mi trabajo actual tiene mucho de trabajar a una semana o incluso a un mes vista.

Otro de los beneficios que le encuentro a usar este método es que si llevas bolso, mochila o transportas tu herramienta de trabajo cuando vas a la oficina, como es mi caso, tu diario de tareas no pesa nada: el mío es una libreta que pesa muchísimo menos que muchos de los libros que veo a la gente leerse en el metro, así que no hay interferencia con el resto de cosas de tu mochila. Es ligero, se puede llevar todos los días.

Se pueden añadir más tareas conforme se te van ocurriendo o según te las vayan pidiendo en la oficina (como es mi caso). En las agendas tradicionales, había veces que se me quedaban hojas sin rellenar y otras páginas que quedaban horribles con tanta tinta encima. De esta manera, se puede tener un poco más orden.

La última ventaja que considero imprescindible para utilizar este método de productividad es que sé precisamente dónde están las tareas pendientes, pero, sobre todo, sé cuáles se han completado y cuáles no. Me he acostumbrado a ponerle un simbolito (una X de color rojo, tachando el símbolo de la tarea en cuestión) en cuanto termino para saber perfectamente qué me queda por hacer y cuánto tiempo tengo para añadir más tareas. Además, el libro, evidentemente, al ser algo analógico, está lejos de lo que viene siendo mi herramienta que utilizo para trabajar (ordenador y teléfono móvil), por lo que así no añado carga no productiva sobre ella.

Desventajas
No todo es perfecto. Aun así, las desventajas que he encontrado durante este mes son tan nimias que no me atrevo siquiera a nombrarlas. El único impedimento que me ha hecho ser productivo en ciertos momentos ha sido que se me ha olvidado la libreta en la oficina o en la mochila en casa (si ese día no me la llevo por cualquier motivo), por lo que no puedo atender a las tareas que tengo escritas o no puedo añadir nuevas hasta recuperar mi diario. Pero insisto: son el 5 % de las veces si acaso, y tampoco es un gran drama.

Mejoras (que jamás conseguiré)
Los bullet journals son un método para ser más productivo, pero hay algunos diarios de tareas que son increíbles obras de arte. En algunos que he visto en Internet, hay quienes dibujan, hacen comentarios sobre su estado de ánimo o incluso gráficos sobre los objetivos propuestos y alcanzados. La verdad es que me parece una increíble forma de hacer que algo tan simple como apuntar tareas y llevar el control de tu vida sea lo más entretenido posible.

Una de las mejoras que sí que añadiré será la de hacer una revisión de cada mes. Será una forma de motivarme a seguir siendo productivo y, sobre todo, a seguir llevando el control tan bien como lo estoy llevando hasta ahora.

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