Presunción de sobresaliente

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Durante los últimos días no solo he pensado en lo que prácticamente todo el mundo piensa, que es en todo lo que he hecho este año y en cómo me puede afectar al año que entra (¡como si el tiempo no fuera un continuo que no se detiene para nadie!), pero también me he acordado de un concepto que me gustaba mucho de una profesora que tuve durante la Secundaria.

En esa época, a mí me flipaba la asignatura de Lengua Castellana y Literatura, y el hecho de que ella diera una asignatura un tanto difícil de tragar para un adolescente como esa de una forma tan amena y con tanta soltura (la experiencia de tantos años, supongo) fue uno de los gérmenes de mi actitud para con la docencia.

Aunque era dura con las notas y no se andaba con chiquitas, esta profesora hablaba del concepto de «presunción de sobresaliente»: le teníamos que demostrar con nuestra actitud y nuestra aptitud que éramos sobresalientes, pero que ella también quería entrar en ese juego y tenía que demostrar día a día que su pasión por la enseñanza también era sobresaliente. Al final del año, hablaríamos con ella para ver si de verdad se había ganado el sobresaliente y si nosotros, notas aparte, también.

Este concepto —todo es sobresaliente hasta que se demuestre lo contrario a partir de lo que hemos aprendido— también se podía aplicar a lapsos como el de un año. Son 365 oportunidades para ser sobresalientes, para ser magníficos y para hacer el bien con los demás, pero también con nosotros mismos, y la verdad es que no sé qué nota ponerle a este año.

Ahora que termina este año, aún no sé qué nota ponerle. Es verdad que no he terminado todo lo que me he propuesto, como publicar Conexiones, o que la continuidad de Coordenadas tal como lo concibo quizás peligre por el poco tiempo del que dispongo, pero, además de eso y algunos temas personales, no considero que haya sido un mal año.

Por fin estoy trabajando de algo que realmente me gusta y disfruto, que es ser profesor de inglés, y con una estabilidad laboral que hace un año mismo, cuando llevaba seis meses sin ser autónomo, ni me imaginaba. También sigo estudiando (sí, como mencioné hace unos meses, el Máster en Profesorado de Educación Secundaria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de Idiomas me supo a poco) el Máster Universitario en las Tecnologías de la Información y de la Comunicación en el Tratamiento y Enseñanza de Lenguas por la UNED, y no puedo estar disfrutando más de este viaje, aunque suponga muchos sacrificios.

Al final, te das cuenta de que separar la vida en 12 meses es una tontería. El tiempo no se para, es una línea finita que tenemos que aprovechar día a día, sin esperar a que al final nos pregunten si ha sido bueno o no: es la puta hostia y tenemos que exprimir cada seguro que tenemos.

Que vuestros deseos se cumplan.

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