Entrevista a Antonio Martín: «Cada vez se toleran menos los errores en los textos»

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Cuando me preguntan qué es lo que considero más importante a la hora de enseñar, les puedo dar una respuesta más o menos larga, pero todas se resumen en que el profesor debe motivar al alumno a aprender y a descubrir lo que puede hacer por sí mismo gracias a las enseñanzas del profesor, además del aprendizaje autónomo. Uno de esos profesores que motiva, que cautiva por su carisma y por sus enseñanzas es Antonio Martín. Y desde que tuve la oportunidad de conocerlo personalmente en el II Curso de Ortotipografía y Corrección de Estilo, organizado por el doctor Jorge Leiva Rojo de la Universidad de Málaga, se convirtió en un referente personal como profesional lingüista y como profesional docente.

Ahora que he tenido la oportunidad de presentar Diario de un futuro traductor en Cálamo & Cran, su gran proyecto de formación y su casa —«la tuya también, que lo sepas», me ha dicho más de una vez—, decidí aprovechar para preguntarle sobre su gran proyecto, que ahora cumple 20 años, además de sus implicaciones en asociaciones como UniCo y en el grupo de lingüistas Palabras Mayores.

1. Hace ya un tiempo que nació Cálamo&Cran. ¿Qué piensas que actualmente se considere un referente en la formación para traductores, filólogos y otros lingüistas?
Cumplimos 20 años. En diciembre de 1996 llevábamos unos meses poniendo todo en orden para tener nuestro local en la calle Abada, en Madrid (justo en la misma manzana que la Casa del Libro), buscando clientes y preparando todos los papeles para constituir la empresa en enero de 1997. Montamos C&C (Cálamo&Cran) porque yo empezaba a tener mucho trabajo como corrector y la mejor solución era gestionar aquello como una pequeña empresa. Por eso llamé a mi amiga de toda la vida, Celia Martín, para que pusiera sensatez en mis planes.
No creo que pudiéramos sospechar a dónde hemos llegado. Entonces, con 26 años, la edad que teníamos cuando nos lanzamos a la aventura, queríamos ofrecer nuestros servicios de corrección y edición. Nada más. Y se nos fue la mano. Lo más simpático es que todavía me encuentro con personas que piensan que C&C es solo un centro de formación, que piensan que “además” ofrecemos servicios editoriales y de traducción. Precisamente si las cosas han ido bien, si hemos conseguido que se considere a C&C como un referente en la formación de correctores, editores, maquetadores, traductores ¡y profesores de español!, es precisamente porque somos del oficio, somos profesionales que formamos a otros profesionales; en nuestro trabajo cotidiano descubrimos los cambios, las necesidades, las exigencias de nuestro sector y eso es lo que transmitimos a nuestros alumnos.
También les enseñamos —y esto lo hacemos desde el primer curso— a ganarse la vida. Un profesional no solo tiene que dominar sus habilidades de producción (saber todos los trucos de la corrección o cómo se hace un ebook perfecto) sino que tiene que saber explotarlos, lo que significa que tendrá que saber gestionar su trabajo, su márketing, su fiscalidad, o sus recursos digitales para ser realmente productivo. Eso es lo que enseñamos. No queremos formar profesionales que se estrellen al salir de nuestras aulas, ni enviar carne al matadero: formamos profesionales funcionales, competentes. Siempre los comparo a los paracaidistas: no saben exactamente dónde van a caer, pero tienen que saber por dónde van los tiros y qué hacer en cada situación, en cada contexto.
La razón de darles esta formación es muy sencilla: si empezamos a formar correctores fue porque necesitábamos a profesionales que en cuanto terminaran las clases, pudieran ponerse a trabajar con nosotros. Y si no era con nosotros, tendrían que trabajar para otras empresas donde tendrían que estar a la altura. Y vaya que si lo hicieron. Y lo siguen haciendo. Muy bien, por cierto.
Nuestros alumnos y nuestros clientes siempre han salido satisfechos. Entre otras razones porque incluso en el momento en que algo ha salido mal (y en 20 años hay margen para descubrir muchos problemas inesperados) han tenido una solución inmediata.
Tenemos su confianza. Sí, esa palabra que se usa para todo en publicidad. En nuestro caso sabemos que tenemos su confianza porque somos la empresa que tiene el departamento de marketing más grande del mundo: son todos ellos. Nuestros alumnos y nuestros clientes siempre nos recomiendan. Desde el primer curso vivimos esta reacción en cadena: por cada alumno que entra, llegarán otros dos nuevos. Salen contentos, orgullosos y satisfechos. Lo que aprenden es interesante, descubren que lo que ya aprendieron en sus carreras ¡realmente era útil!, que podrán trabajar y que será difícil, pero que no están solos y podrán salir adelante.
Celebro que hayamos acertado en el modelo; hemos creado la formación a la que a mi socia a mí nos habría gustado asistir.

2. Muchos sabemos que has estado muy implicado con la Unión de Correctores (UniCo). ¿Nos puedes contar todo lo que esta asociación te ha dado?
Siempre que leo de participar e implicarse me acuerdo de lo de la gallina y el cerdo: en un desayuno con huevos y beicon, la gallina participa y el cerdo se implica. Yo me he implicado mucho. He dado mucho a UniCo y la asociación me lo ha devuelto con creces.
La situación es esta: estamos en el 2004. Entre mis tareas cotidianas está la de responder a los antiguos alumnos, para ayudarles con sus presupuestos, sus clientes morosos, sus dudas fiscales, sus penas y amores. Llegó un momento en que esa tarea consumía demasiado tiempo, las preguntas se repetían, yo no podía defender a otro profesional (aunque fuera antiguo alumno) por no caer en el paternalismo, ni mi mensaje de ánimo para que supieran que no estaban solos calaba como esperaba. Era obvio que lo que hacía falta era una asociación.
Yo ya había intentado en 1999 (¡en el siglo pasado!) montar una asociación de correctores, pero a esa primera llamada solo acudieron nueve personas… y así no se monta ni un equipo de fútbol. Hasta que en el 2005 lancé de nuevo la propuesta. En Madrid acudieron 40 y 25 en Barcelona. Ahora sí que había interés. Fundamos UniCo un grupo de correctores que compartíamos la idea básica de la Unión: dignificar nuestro trabajo, darlo a conocer y mejorar nuestros derechos. Yo solo soy uno de los socios fundadores, muy pesado y machacón, es cierto, pero solo uno de ellos. Una asociación es un equipo; una suma de fuerzas, no de autoridades.
Desde entonces llamamos a todas las puertas que había que llamar para recordarles que existimos; asistimos —y cada vez más— a todo acto relacionado con nuestro trabajo hayamos sido invitados o no para hablar con voz propia. Reconozco que el papel de UniCo se ha visto amplificado y reforzado al pertenecer desde el primer día a la Red Vértice, y también al haber estrechado lazos con los compañeros de América.
A mí me ha permitido ver la situación de la corrección y sus profesionales desde distintos ángulos, en distintos países y a lo largo de muchos años. Gracias a UniCo he tenido la oportunidad de ver en primera persona las transformaciones que ha ido sufriendo nuestro trabajo, conocer nuevos enfoques y herramientas, pero sobre todo a un gran grupo de profesionales igual de preocupados por mejorar nuestras condiciones. UniCo me ha servido para darme cuenta de que somos muchos, que no estamos solos, que hay muchas ganas de trabajar, muchas buenas ideas y de que solo con el esfuerzo común conseguiremos cambiar la situación. He tenido la suerte de estar durante 10 años al frente de UniCo, lo que me ha permitido cambiar —a mejor—mis propios puntos de vista, como lo sigo haciendo, gracias al equipo que conformaba la junta y el apoyo de los asociados.

3. Muchos traductores dicen que el mercado nos maltrata (por malas tarifas o plazos un poco ). ¿Pasa lo mismo en el mundo de los editores y correctores?
Sí. Eso es lo que pasa en el mundo editorial. Por una parte te puedes encontrar con que parece que en este sector no hay un procedimiento común y regularizado de procedimientos —por eso decía que en C&C tendemos a formar «paracaidistas»—. Ese descontrol proviene de una carencia en una tradición de profesionalización. Parece que cualquiera puede entrar a trabajar en el sector y tratar de volver a inventarlo todo. Entrar a trabajar en una editorial puede parecerse a participar en una película que se llame Edítalo como puedas («elegiste mal día para dejar la corrección»), pero que pasa de la comedia al drama y en ocasiones al horror. No se valoran los plazos razonablemente, se desprecia el uso de los recursos para aumentar la productividad pero está extendida la epidemia de la fascinación digital asociada al pensamiento analógico en un mundo digital. Es normal que ante este panorama algunos se den por vencidos y prefieran trabajar en cualquier otra cosa donde se valore más su trabajo.
Por otra parte, sí que voy observando que toda la formación en edición —y ya no solo hablo de la de C&C— está causando sus efectos. Por ejemplo, muchos de mis antiguos alumnos ocupan ahora cargos de responsabilidad en las editoriales, por lo que tratan de imponer esa racionalidad tan calamoycraniana en los procesos, lo que conlleva a optimizar tiempos, a reconocer el trabajo de un profesional y su merecida remuneración, así como el respeto y dignidad que se le debe a cada colaborador. También observo que hay una clara emigración a, digamos, territorios de caza más prósperos. Es un movimiento lento, pero está pasando. Estamos evolucionando. La perspectiva de 20 años te permite ver ese movimiento. Poco a poco cada vez hay más empresas preocupadas por su imagen escrita, y es ahí donde los profesionales del lenguaje tenemos nuestro nicho. Eso de que cada vez se escribe peor es falso: lo que ocurre es que precisamente cada vez se escribe más —como nunca en la historia— y se lee más, quizá no tantos libros pero sí se lee más de todo: blogs, noticias, posts, etc. Pienso que se percibe que se escribe peor porque precisamente hay mayor cualificación en la población, lo que permite ver muchos errores que antes pasaban desapercibidos o se toleraban sin mayor problema. A más textos, más errores; a mayor profesionalización, más se señalan esos errores. Eso es un buen síntoma: cada vez se toleran menos los errores en los textos. Aviso para navegantes: aquí hay trabajo. Por eso es esencial que la mejora de nuestro trabajo la impulsemos los propios profesionales: quejarse entre los amigos no sirve de nada; reclama tus derechos ante tus clientes, y si necesitas refuerzos, pido el apoyo de tu asociación. Nadie puede luchar más por ti que tú mismo. Esta máxima, en una asociación, no suma sino que multiplica tus esfuerzos. Es muy duro y muy difícil cambiar la valoración que se hace de nuestro trabajo, pero por eso hay que mantenerse firme cada día en cada ocasión. Todo puede cambiar.

4. ¿Cómo se os ocurrió «Palabras mayores. 199 recetas infalibles para expresarse bien», el libro que publicaste junto a Xosé Castro, Jorge de Buen y Alberto Gómez-Font?
Imagínate: cada uno de nosotros, antes de montar nada juntos, nos conocíamos previamente, ya éramos amigos. Íbamos coincidiendo independientemente en distintos saraos por el mundo. Y acabábamos haciendo lo que cualquier friki del lenguaje hace cuando sale a divertirse con los amigos: hablar de etimología, de la originalidad de las variantes del español, de problemas y soluciones de edición, de trucos de programas… Lo normal. Eso, con un buen cóctel y una buena comida une mucho. Cuando coincidimos por primera vez los cuatro, en un curso en San Roque, nos dimos cuenta de que éramos un pequeño grupo muy unido. Ahora veo las fotos que nos hicimos entonces y cualquiera habría visto que no podía ser de otra forma.
Si hemos recopilado nuestras 199 recetas al estilo Palabras Mayores se lo debemos a nuestra editora Sofía Acebo, de Vox, Larousse. Ella nos vio en el show que montamos en Barcelona y lo vio muy claro. Menos mal que tenemos personas sensatas que ven coherencia en nuestro discurso. Nos ha quedado un libro muy majo. Tan majo, que de la primera edición (4.000 ejemplares) de hace un año, apenas quedan ya ejemplares. ¡Nos los quitan de las manos! En el 2017 saldrá la segunda edición. Mientras, Larousse México está a punto de lanzar la versión que se va a distribuir por América.
Es un libro de divulgación del lenguaje. Muy práctico, reflexivo, sugerente y ameno. No resulta digerible para mentes estrechas. Atento a esto porque es muy importante: lo han editado de tal manera (los poderes de nuestra editora en Vox son incalculables) que tiene la propiedad de dotar de autoridad a quien lo lea. Si alguien te discute algo sobre lenguaje siempre podrás ganarte el respeto diciendo: “Es que yo lo he leído en un libro”. Y espero que ese libro sea el nuestro.

5. Los recursos a los que podemos acceder a golpe de clic para escribir y comunicar mejor son muy numerosos. ¿Crees que, ahora que son tan fáciles de encontrar, es cuando más los desaprovechamos?
La infoxicación es el problema. Tenemos de todo, mucho y dúctil. Se transforma, cambia o desaparece. De hecho, siento que el hecho de que haya desaparecido goodrae.org es como si me hubieran quitado una herramienta esencial.
Pero sigo pensando que hay que valorar qué hacemos y qué queremos de los recursos porque llevamos en nuestra cabeza una manera de pensar que en muchos casos sigue siendo analógica, que no es más que una rémora en un mundo digital. Hay recursos que se usan de tal modo que son improductivos: por ejemplo, en lo particular, chatear es absurdo cuando la conversación va a durar. Uno acaba enviando mensajes de voz en vez de chatear, y al final se reinventa el teléfono. En el terreno profesional, en nuestro caso, la pesadilla del pensamiento analógico se refleja en la plaga del pdf: todos quieren todo con pdf. Nos estamos volviendo locos.
Tampoco hay que estar obsesionado mirando al futuro. Desde luego que conviene estar al día, pero si estás en la cresta de la ola, no te mojas. Hay que actualizarse, pero solo cuando la novedad trae algo realmente práctico. Yo ya no puedo decir eso de “nuevas tecnologías” porque parezco mi abuela mirando una aspiradora en los años 80. Llevamos 30 años ya de nuevas tecnologías. Cuando uno descubre todo lo que ya tiene en su ordenador, cuando domina todos los recursos y funcionalidades de sus programas, entonces puede tener sentido que quiera algo más, algo que realmente le solucione algún problema. Ese fue el caso de la versión de Word del 2007 (¡hace 10 años!) que nos permitía, por fin, guardar en el maldito formato pdf sin recurrir a programitas auxiliares. Pero sigo descubriendo día a día que la mayoría de nuestros programas tienen un potencial que no se ha aprovechado al máximo. Y prometo no hablar aquí de macros o expresiones regulares.

6. Hace unos meses que vimos nacer a La lectora futura. ¿Nos puedes contar en qué consiste y en qué punto se encuentra ahora mismo?
LLF es la respuesta a la necesidad de crear un espacio común para los todos los que trabajamos o vivimos en el libro o pertenecemos a alguno de los eslabones de su cadena de valor. No existía nada parecido en español; sí elementos aislados, pero nada que lo agrupara.
Así, en LLF tienes todas las noticias del mundo del libro en español (es decir, no solo de España), ya categorizadas y etiquetadas para qué tú te organices tu lectura; tenemos una agenda geolocalizada; se pueden encontrar cursos de formación del sector (sí, más allá de C&C); y libros, todos los libros. Puedes crear listas, compartirlas, además de contactar con otros usuarios.
Podemos definirla como una red social del mundo del libro, que además ofrece una revista de contenidos propios cada dos meses y un boletín diario para estar al día. No está nada mal para una red gratuita, ¿no?
Vivimos de la publicidad. Ya tenemos anunciantes que han visto cómo gracias a LLF pueden alcanzar sus objetivos más fácilmente porque ya se los ofrecemos segmentados. Cualquier puede ofrecer sus servicios en LLF y decidir si quiere que le vean en Madrid, en Lima, en toda Andalucía o solo en Guanajuato.
La idea ha gustado tanto que contamos con el apoyo incondicional de las cámaras de del libro de la mayoría de los países latinoamericanos o instituciones del mundo de las bibliotecas y librerías. Por eso hemos comenzado en Madrid la campaña #yosíqueleo, que pronto se extenderá por el resto de las comunidades y países.

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  • Cálamo&Cran. Empresa de formación que ofrece cursos en línea para traductores, correctores, editores, maquetadores, profesores de español, etc. Échale un vistazo a su oferta formativa.
  • UniCo (Unión de Correctores). Asociación profesional de correctores creada en 2005, que acoge a correctores de estilo, correctores de pruebas y asesores lingüísticos.
  • La lectora futura. Como Antonio comenta en esta presentación en vídeo, es una red social que nace de la necesidad de los profesionales de un espacio donde compartir y consultar.
  • Palabras Mayores. 199 recetas infalibles para expresarse bien. Libro del colectivo Palabras Mayores (Antonio Martín, Xosé Castro, Jorge de Buen y Alberto Gómez-Font) en el que se contestan preguntas para profesores, estudiantes, escritores, traductores y más sobre la lengua castellana y la corrección de textos.
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