Teletrabajando, que es gerundio

En mitad de una pandemia, el mundo solo se puede parar para algunos. Entre los ERTE, los servicios esenciales y los problemas de algunos para decidir quiénes trabajaban y quiénes no, también otro concepto se convirtió en trending topic en muchas empresas: el trabajo remoto (o teletrabajo). Para muchos, trabajar desde casa era algo nuevo; para otros, sin embargo, sí que era un antiguo conocido.

Durante mis años de autónomo, trabajar desde casa era lo normal, a pesar de que una parte de mi trabajo lo hacía fuera de las cuatro paredes a las que llamaba hogar, entre las clases presenciales y la posibilidad de tener un espacio para trabajar con otros profesionales relacionados con mi campo. Pero teletrabajar no era algo que me resultara extraño, sino que, más bien, echaba de menos hacer un trabajo como el mío desde una localización diferente a una oficina.

Seamos sinceros: desde que empecé a trabajar como tutor de inglés, pensé que este trabajo era muy propenso a hacerse desde casa. Lo necesario, que era un buen ordenador y una buena conexión a Internet, ya lo tenía, por lo que solo quedaba la confianza de nuestros jefes y tambien que se diera la oportunidad de hacerlo para ver si, en realidad, era un trabajo por el que valía la pena trabajar desde casa.

Después de casi dos meses trabajando desde casa, podría decirse que he tenido el tiempo suficiente para ver qué ventajas y desventajas he tenido durante estas semanas, pero también veo el teletrabajo desde una retrospectiva objetiva como para ofrecer algunas medidas que nos podría hacer el trabajo más cómodo para todos una vez volvamos a la normalidad.

Ventajas del trabajo remoto
Como os decía, después de dos meses trabajando desde casa y recuperando el ritmo que tenía (más o menos) cuando era autónomo, uno se da cuenta de muchas ventajas de no tener que ir a la oficina día sí y día también (y, que conste, que me encanta ir a la oficina, pero siempre se pueden buscar mejoras).

Tengo la sensación de aprovechar más el tiempo, ya que, aparte de alguna interrupción puntual a través de Skype o el teléfono, trato de centrarme en lo que tengo que hacer, mientras que en la oficina hay ruidos de fondo, llamadas de otros compañeros, formaciones que tienes que hacer in situ para enseñarle a otros formadores cómo se hace según qué cosa…

En resumen: estoy más centrado en hacer tareas productivas relacionadas con mi trabajo, que siempre está de bien recalcarlo. Doy mis clases, hago mis informes, subo mis materiales… y ya estaría. Se pasan las horas volando cuando las ocupas todas de cosas que de verdad tienes que hacer. Todo esto me ha hecho ver con otra perspectiva por qué a veces desde la oficina me faltaba tiempo para hacer todo.

Y ya ni hablemos del transporte: tener la oficina en casa es muy cómodo, ya que no tienes que calcular cuánto tiempo necesitas para coger el coche, aguantar algún que otro atasco, buscar aparcamiento, llegar a la oficina con el suficiente tiempo para encender el ordenador… Desde casa, todo está más cerca y es más fácil. Y ese ratito extra en la cama sienta de maravilla.

Inconvenientes de trabajar desde casa
No todo van a ser ventajas, está claro. Como cuando era autónomo, una de las cosas que llevaba peor era el sentimiento de desbordamiento que tengo de vez en cuando por no cambiar de ambiente para hacer mis tareas además de trabajar (dormir, ocio, hacer ejercicio o, a veces, incluso cenar), y tener la sensación de estar encerrado. Vaya, que, al final, uno no desconecta por estar en el mismo sitio.

Por eso mismo, por estar quemando siempre el mismo cartucho de estar en mi dormitorio (en este caso, el sitio donde tengo el ordenador; algunos, por otra parte, pueden tener la posibilidad de tener su oficina en otra habitación) para todo, trabajar con orden a veces es una tarea bastante difícil. Es una desgana continua frente a la mesa, y al final se te acaban acumulando cosas por ordenar, cosas por hacer que no son del trabajo y a las que no les das importancia, pero que sí influirían positivamente a la hora de trabajar si se solucionaran.

Además, si no vivimos solos, el hecho de que te interrumpan es algo que está a la orden del día. No mucha gente está acostumbrada a convivir con gente que esté trabajando en el mismo sitio donde vive, ya que (normalmente) la casa es para vivir y el trabajo se hace fuera. Por si fuera poco, también molestas al resto de gente que vive contigo cuando están descansando, porque tú sigues trabajando. En mi caso, yo tengo que estar dando clases de forma virtual como tutor de inglés, una tarea que ya había efectuado en el pasado en casa, pero viviendo solo.

Como último inconveniente, debo decir que echo de menos ver la cara de mis compañeros a través de un soporte que no sea una pantalla; es decir, extraño estar con ellos, discutir en directo sobre las cosas de la oficina, gestionar el trabajo y formar de una forma más directa. Incluso cuando era autónomo, iba a una oficina donde trabajábamos varias personas, y era un punto de encuentro no solo para aspectos relacionados con el trabajo, sino también para pequeños descansos que nos hicieran desconectar y volver al trabajo con más ganas y un poquito más de energía.

La nueva normalidad y el teletrabajo
El Gobierno de España ha propuesto una expresión para la finalización de las cuatro fases de la desescalada, y ha sido «nueva normalidad». En esta nueva vida que nos va a tocar vivir, tendremos que pensar muy mucho en qué van a pasar con ciertos trabajos, en qué se puede ayudar para gestionar bien el distanciamiento social y en qué aspectos vamos a tener que mejorar los españoles en cuanto a trabajar desde casa.

En mi opinión, no se puede decir que el teletrabajo sea la respuesta en todos los casos, porque habría que pensar muy bien qué preguntas tenemos que hacer. Eso sí, considero que, si vamos a volver a las oficinas tal como las conocemos actualmente, tenemos que pensar y considerar varias medidas que hagan que trabajar sea más fácil para todos.

En turnos partidos, como se suelen llamar, optaría por darle la posibilidad al trabajador de elegir uno de los dos turnos para hacer desde casa, obteniendo así una mejor conciliación familiar (al menos, sobre el papel). También entendería que sería justo que, desde un punto de vista económico, también se reconociera el teletrabajo en algún tipo de compensación en la nómina, ya que, al final, estamos gastando electricidad, conexión a Internet, etc., de nuestro bolsillo al trabajar desde casa.

En resumen, el teletrabajo es una buena medida si también se implementa un sistema de retribución adecuado a lo que se produce en la empresa, y también a los gastos que nos supone trabajar desde casa; además, habría que ver qué ventajas y qué inconvenientes podemos considerar a la hora de trabajar de forma remota, y también observar qué se puede mejorar y proponer dentro de un sistema que, a pesar de existir desde hace tiempo entre los autónomos, ha pillado casi de sorpresa a la mitad del país.

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