
Desde hace tiempo digo que soy traductor por profesión, profesor por vocación y comunicador por afición. Es verdad que me dedico a la traducción, y también es verdad que es algo que me encanta. Aunque digo que la comunicación es mi afición, también me dedico a ella profesionalmente y también es una parte de mi trabajo que desempeño con gusto. Pero podríamos decir que mi objetivo final es ser docente.
Hace tiempo que llevo pensando en poder trabajar de profesor universitario. Aún no tengo claro si como doctor o como profesor asociado. Sea como fuere, podría decirse que ya estoy cumpliendo la mitad del sueño al trabajar como profesor de inglés. No es algo nuevo: llevo dando clases de inglés desde que soy pequeño, ayudando a mis vecinos y a otros compañeros de clase a hacer los deberes o a estudiar para sus recuperaciones.
También podría decirse que mi faceta como profesor tiene tres facetas bien diferenciadas: cuando trabajaba para particulares, cuando trabajaba para academias in situ y, ahora mismo, que trabajo dando clases en línea. Hoy os voy a contar mi experiencia con esta última etapa, que es la que estoy desarrollando ahora.


Todas las historias tienen un comienzo, un desarrollo y un final. Pero todas las historias que se escriben en episodios, en capítulos o en artículos, como Coordenadas, necesitan un momento de descanso para tratar de reposar las ideas.
¿Qué pinta un traductor en un evento como el 
Durante el mes de abril, además de acudir como ponente en las jornadas que organiza la
¿De verdad a alguien le gustan los lunes? Son unos días difíciles de querer. Después de la pausa que nos da el fin de semana (si es que no hemos aceptado el típico proyecto «urgente» que recibimos el viernes a última hora y que tenemos que entregar), nos toca volver a nuestro pequeño cubículo donde traducir, revisar o redactar lo que tenemos que ir entregando a nuestros clientes.




Muchos de vosotros sabéis que mis primeros trabajos no estaban relacionados con la traducción, ni siquiera con la enseñanza, 









Lo más difícil de escribir una historia no es definir los personajes que van a formar parte de ella, ni elegir los escenarios donde van a tener lugar los eventos más importantes. Ni siquiera lo más difícil de escribir una historia es elegir el título: eso, casi siempre, sale de manera natural (y, casi siempre, al final o al principio).