
Cada mes de noviembre, todos los aficionados al arte de escribir se proponen algo: «tengo que terminar esa maldita novela que tengo a medias». Y es que producir literatura no es nada fácil. Los que escriben (o escribimos, si me puedo dar el gusto de añadirme) sabemos cómo es el mundo de las historias que tenemos que contar y, muchas veces, lo que tenemos en la cabeza no es lo que acaba sobre el papel.
La inspiración va y viene, no podemos tratar de hacer que trabaje para nosotros como si fuera un empleado en plantilla, sino que tenemos que esperar a que aparezca, como aquel funcionario que apareció después de 10 años y que no había dado un palo al agua. Pero para eso está el NaNoWriMo.
El NaNoWrimo (o #nanowrimo2018), el mes nacional de escritura de novelas, se presenta como un enfoque diferente para todos aquellos que tenemos una obra a medias, para todos aquellos que queremos contar una historia y a los que nos da miedo de lo que podemos llegar a escribir. Durante el mes de noviembre, el NaNoWrimo nos anima a terminar una obra en 30 días. Pero ¿es eso posible? Sigue leyendo

Dice Alejandro Sanz en una de sus últimas colaboraciones que inventamos Twitter para desahogarnos, y creo que tiene razón (aunque la canción en la que aparece esta referencia me parezca una mierda). Utilizamos esta red social para contar cosas que nos pasan en nuestro día a día, aunque también compartamos noticias, recursos y otros enlaces interesantes. Hace ya un tiempo que he visto como (ex)compañeros de profesión acudían a la red del pájaro azul (traductores autónomos noveles o recién egresados de la carrera) que han decidido dejar de intentarlo, dejar de querer formar parte de este gremio por las dificultades con las que se encuentran día a día en su búsqueda de trabajo y de nuevos clientes.










Las relaciones humanas son muy curiosas, pero también la vida en general. Durante mis años detrás de 







Todos tomamos el 1 de enero y el 31 de diciembre como el principio y el final del año, respectivamente. Y así es, según el calendario, pero hay calendarios especiales. Los que trabajamos dando clases o estamos muy relacionados con el mundo académico, sea al nivel que sea, sentimos que los años empiezan en septiembre y terminan en junio, mientras que en verano se forma un vórtice del espacio y del tiempo donde intentamos generar todo el tiempo libre que luego nos va a faltar.







Todas las historias tienen un comienzo, un desarrollo y un final. Pero todas las historias que se escriben en episodios, en capítulos o en artículos, como Coordenadas, necesitan un momento de descanso para tratar de reposar las ideas.
¿Qué pinta un traductor en un evento como el 
Durante el mes de abril, además de acudir como ponente en las jornadas que organiza la
¿De verdad a alguien le gustan los lunes? Son unos días difíciles de querer. Después de la pausa que nos da el fin de semana (si es que no hemos aceptado el típico proyecto «urgente» que recibimos el viernes a última hora y que tenemos que entregar), nos toca volver a nuestro pequeño cubículo donde traducir, revisar o redactar lo que tenemos que ir entregando a nuestros clientes.




Muchos de vosotros sabéis que mis primeros trabajos no estaban relacionados con la traducción, ni siquiera con la enseñanza, 









Lo más difícil de escribir una historia no es definir los personajes que van a formar parte de ella, ni elegir los escenarios donde van a tener lugar los eventos más importantes. Ni siquiera lo más difícil de escribir una historia es elegir el título: eso, casi siempre, sale de manera natural (y, casi siempre, al final o al principio).