
En marzo de 2015, empecé mi andadura como autónomo, aunque, como muchos sabéis, acabé dejándolo en junio de 2017 para dedicarme en exclusiva a la enseñanza de idiomas. Desde entonces, no he parado de trabajar en puestos relacionados con la docencia, ya sea en empresas no relacionadas con la enseñanza como en academias y centros de formación.
Dejar la traducción, como he mencionado en varias ocasiones, no fue fácil, pero dadas mis experiencias como gestor de mi propio negocio y las ofertas surrealistas que me fui encontrando durante mi tiempo como profesional freelance, la verdad es que prefería trabajar por cuenta ajena.
Mi sorpresa ha sido que, a pesar de que el servicio de formación no reglada en España goza de una salud bastante buena —gracias a la necesidad de acreditación de idiomas por parte de las instituciones universitarias, los colegios bilingües y la necesidad de unos conocimientos lingüísticos suficientes para ser competitivo en el mundo laboral—, últimamente me he encontrado con algunos aspectos de las academias que me han hecho decir hasta aquí y no volver a trabajar con ellas.
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Dice Alejandro Sanz en una de sus últimas colaboraciones que inventamos Twitter para desahogarnos, y creo que tiene razón (aunque la canción en la que aparece esta referencia me parezca una mierda). Utilizamos esta red social para contar cosas que nos pasan en nuestro día a día, aunque también compartamos noticias, recursos y otros enlaces interesantes. Hace ya un tiempo que he visto como (ex)compañeros de profesión acudían a la red del pájaro azul (traductores autónomos noveles o recién egresados de la carrera) que han decidido dejar de intentarlo, dejar de querer formar parte de este gremio por las dificultades con las que se encuentran día a día en su búsqueda de trabajo y de nuevos clientes.










Las relaciones humanas son muy curiosas, pero también la vida en general. Durante mis años detrás de 







Todos tomamos el 1 de enero y el 31 de diciembre como el principio y el final del año, respectivamente. Y así es, según el calendario, pero hay calendarios especiales. Los que trabajamos dando clases o estamos muy relacionados con el mundo académico, sea al nivel que sea, sentimos que los años empiezan en septiembre y terminan en junio, mientras que en verano se forma un vórtice del espacio y del tiempo donde intentamos generar todo el tiempo libre que luego nos va a faltar.







Todas las historias tienen un comienzo, un desarrollo y un final. Pero todas las historias que se escriben en episodios, en capítulos o en artículos, como Coordenadas, necesitan un momento de descanso para tratar de reposar las ideas.
¿Qué pinta un traductor en un evento como el 
Durante el mes de abril, además de acudir como ponente en las jornadas que organiza la
¿De verdad a alguien le gustan los lunes? Son unos días difíciles de querer. Después de la pausa que nos da el fin de semana (si es que no hemos aceptado el típico proyecto «urgente» que recibimos el viernes a última hora y que tenemos que entregar), nos toca volver a nuestro pequeño cubículo donde traducir, revisar o redactar lo que tenemos que ir entregando a nuestros clientes.




Muchos de vosotros sabéis que mis primeros trabajos no estaban relacionados con la traducción, ni siquiera con la enseñanza, 









Lo más difícil de escribir una historia no es definir los personajes que van a formar parte de ella, ni elegir los escenarios donde van a tener lugar los eventos más importantes. Ni siquiera lo más difícil de escribir una historia es elegir el título: eso, casi siempre, sale de manera natural (y, casi siempre, al final o al principio).